Mamá, ¿me comprás un burbujero? (Parte 2)
* Segunda parte del análisis de las burbujas financieras para que lo entiendan hasta los que piensan que nunca harán una inversión.
Una manía de inversión puede ser mantenida viva por un tiempo más prolongado de lo que uno imaginaría posible a través de una propaganda inteligente que tenga por objetivo mantener vivo el entusiasmo por invertir.
La “rueda de la felicidad” no existe. He visto mucha gente sacar pasajes de avión para visitar “El Muro de los Lamentos”, cuando sobrevino la fase depresiva (en muchos casos me pidieron dinero prestado porque no les alcanzaba ni para el taxi hasta el aeropuerto de Ezeiza).
El ejemplo fue contagioso y, de acuerdo con el modelo de Mares del Sur, brotaron como la hierba mala cientos de sociedades, que hacían los más ridículos negocios como el tráfico de caballos, o el transporte de los despojos de las costas irlandesas, entre otros. Hubo casos de “grandiosas” empresas en las cuales sus fundadores se olvidaban de indicar el objetivo del negocio.
Había que hacer cola para adquirir acciones de estas compañías, que eran llamadas “burbujas”.
Un día estalló una de esas pequeñas empresas poco serias que no pudo hacer frente a sus obligaciones y provocó la tempestad. Se pudo establecer, con desesperación, que en aquellas burbujas no había más que aire. Como atacadas por una epidemia, se produjo la caída de las demás. Las acciones de la gran South Sea Company, que desde luego no era una empresa fraudulenta, fueron arrastradas por el caos general y empezaron a caer.
Independientemente del curso del negocio o de la situación financiera de una empresa, cuando las cotizaciones han subido demasiado y han sobrepasado una frontera determinada, marcada por el sentido común, se precipitan a tierra. Es una ley natural.
En la historia, que ahora aparece como pintoresca, se ve la propagación internacional.
Gracias a las comunicaciones modernas, a la prensa que transmite noticias financieras al instante en cada rincón del planeta, y a la remoción de casi todas las restricciones del tipo de cambio en los distintos países, los mercados financieros han entrado en una “nueva era”.
Uno de los síntomas más confiables de que la etapa maníaca de los mercados de acciones está llegando a su fin es que la especulación se vuelve extremadamente concentrada entre algunas pocas acciones, generalmente en sólo un sector.
También frecuentemente, la última etapa del mercado especulativo es acompañada por el surgimiento de acciones de baja calidad o empresas que repentinamente cambian su línea de negocios (e incluso a veces el nombre) y de repente se focalizan en el sector que está más de moda o caliente.
¿Alguien sabe cómo y cuando se termina la manía o burbuja en los mercados financieros? Lamentablemente, no hay una respuesta precisa para esta pregunta. En general las manías frecuentemente terminan cuando los profesionales que trabajan en las propias empresas se vuelven cautelosos y ven al mercado con tendencia bajista, mientras que el público en general corre a comprar activos. El dicho popular dice que cuando el taxista comienza a hablar de acciones, hay que vender. (Sin menospreciar a los taxistas para nada).
Pero ¿saben cuando es el fin de esta película? Cuando el dinero nuevo que entra en el mercado especulativo es insuficiente (o sea, que cada vez entra menos dinero). Es decir, que se está acabando la gasolina que impulsa el mercado alcista porque sí o cuando la oferta de acciones es superior a la demanda y los inversores comienzan a experimentar pérdidas de capital significativas.
Sólo cuando esto ocurre los inversores comienzan a perder la confianza y desesperan por desprenderse de las inversiones, lo que conduce a un colapso, o en términos futbolísticos a una “puerta 12”.





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