* El Premio Nobel de la Paz, varias ONG del mundo y hasta el Ministerio de Desarrollo Social apuestan a los créditos pequeños para salir de la pobreza. * El caso de un emprendedor que fabrica y repara lámparas en la localidad bonaerense de San Isidro.
Matías Rodríguez tiene un puesto en la feria del Tren de la Costa, en San Isidro, en el cual vende desde hace años lámparas antiguas y nuevas. Junto a su mujer, Matías venía desarrollando esta tarea con gran dificultad, porque la falta de un capital hacia todo mas lento.
En el año 2003, se enteró que la ONG “San Isidro de Todos” estaba trabajando con microcréditos y se acercó a ver que podía hacer. “La misma ONG tiene talleres e insisten mucho en la cuestión de la capacitación –explica Matías- y antes de tomar el crédito te ayudan a que veas todo el negocio y vos mismo evalúes si va a ser rentable o no”.
“San Isidro de todos” es una ONG de ese partido bonaerense que se fundó bajo la dirección de Ana María Sevillano y Graciela Dellasavia, gente que, además de sensibilidad social, tiene conocimiento de la parte contable de empresas PyMEs. La idea de armar la ONG surgió partir de haber leído sobre la acción del último premio Nobel de la Paz Muhammad Yunus, conocido como “el banquero de los pobres”, que conquistó fama mundial precisamente por su idea de prestarle dinero a los mas necesitados para que salgan de la pobreza. “Comenzamos leyendo lo de Yunus y se nos ocurrió adaptarlo a la realidad local” dice Sevillano. Inicialmente, la ONG consiguió unos $ 45 mil para los primeros créditos por parte del Ministerio de Desarrollo Social.
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Precisamente en estos días el secretario de Desarrollo Social, Daniel Arroyo anunció un plan que otorgará 800.000 préstamos a personas que trabajan pero no son sujeto de crédito. La ONG lleva adelante la parte de capacitación para el negocio del emprendimiento y hace el seguimiento para evitar que ese dinero se pierda. “La incobrabilidad en estos microcréditos es cero –dice Sevillano- lo que suele suceder, si el negocio no marcha como se esperaba, es que se retrasen un poco en el pago, pero siempre terminan cancelando el préstamo correctamente”.
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En el caso de Matías Rodríguez, la buena actitud de pago le reportó grandes beneficios: Primero tomó un crédito de $1000, luego otro igual, en tercer lugar le otorgaron un crédito de $2000 y como siempre hizo una devolución impecable del dinero, le otorgaron un crédito premio, por otros $2000 sin ningún interés. Para dar una idea, los créditos de $1000 se pagaron en 12 cuotas de $108, es decir, un interés que, en Argentina, apenas sirve para que el capital con que la ONG lleva adelante su tarea no se desvalorice.
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Ese dinero lo fue utilizando para comprar herramientas, maquinas para pulir y materiales que le permitieron especializarse, tal como quería, en arañas y lámparas antiguas. Así, parte del dinero lo utilizó para comprar caireles o arañas en mal estado para repararlas. “Trato de tener siempre varias luminarias en exposición, y para eso necesitaba tener algún dinero que no fuera del día a día” explica Rodríguez.
Los microcréditos no son para que alguien se haga millonario: Son ayudas para que una persona pueda emprender o mejorar un negocio y consiga un ingreso por su cuenta: Rodríguez, de 52 años, tiene ahora un ingreso promedio de $1200. “Aunque es muy variable –dice- porque a veces es mucho menos, pero es mas o menos el doble de lo que sacaba en el puesto antes de especializarme”.
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