Piden la estatización de Parmalat Argentina, versión local de una gran estafa mundial

Economía

Los trabajadores de la empresa Parmalat marchan hoy al Ministerio de Trabajo para pedir la estatización de la empresa, que enfrenta una profunda crisis. Los empleados reclaman la salida de su actual dueño, Sergio Taselli, y el pago de los sueldos atrasados.

El gobierno bonaerense estudia expropiar una de las plantas del grupo, ubicada en Chascomús, para convertirla en una cooperativa manejada por el Estado y los trabajadores. Según se supo, Taselli mismo estaría intentando alquilar otra de las plantas, en la ciudad de Pilar, a un grupo interesado.


Pero éste es el presente de una historia compleja de fraudes internacionales y locales.




Del éxito al fracaso
Parmalat fue, durante mucho tiempo, un ejemplo de la globalización de cuño neoliberal. Se trataba de una pequeña empresa familiar nacida en la década del `60 en la ciudad italiana de Parma. Se dice que su meteórico desarrollo, que llegó a ubicarla como la empresa láctea más importate del mundo, se debió en parte a la habilidad comercial de su fundador, Calisto Tanzi, pero también a las generosas subvenciones de la Unión Europea.

En 2002, la empresa llega a facturar 7.600 millones de euros, y a emplear a unos 37.000 trabajadores en más de 30 países. Los accionistas invertían en este coloso sin dudarlo y la alta gerencia tocaba el cielo con las manos. Pero, como dice una canción de Vox Dei, "todo concluye al fin". El 11 de noviembre de 2003 se empieza a correr la noticia de la posible “mentirita”: una inversión de 500 millones de euros que el grupo dice haber realizado sobre el fondo Epicurum, en las islas Caimán.

La agencia Standard & Poors reduce la calificación de los títulos de Parmalat, las acciones caen, y las autoridades bursátiles piden aclaraciones sobre la devolución de las deudas. Comienza la catástrofe.

Para apaciguar la inquietud de acreedores y accionistas, los directivos de Parmalat se juegan a todo o nada y anuncian una reserva de 3.950 millones de euros depositados en una agencia de la Bank of America en las islas Caimán.

Y en esa apuesta a todo o nada, les sale nada. El Bank of America niega que exista tal depósito y contraataca diciendo que el documento que exhibe Parmalat es falso. Las acciones se hunden y más de 115.000 inversores y pequeños ahorradores se ven estafados, algunos arruinados. Tiempo después se sabe que el endeudamiento de Parmalat se eleva a 11 mil millones de euros y que el fraude lleva años de acumulación de falsos balances, falsos beneficios y falsos documentos construidos sobre una base de una ingeniería financiera que impide el rastreo de dinero y de las cuentas. Por supuesto que en la volteada se exhibe la debilidad de las agencias calificadoras y bancos que -se suponía- hacían la auditoria mundial de la empresa.


¿Y en Argentina?
Luego de la catástrofe, que  fue calificada como el escándalo financiero más grande de Europa desde 1945, Parmalat Italia fue liquidada y varias de sus filiales se vendieron al mejor postor. 

 En Argentina, ese postor fue Sergio Taselli ¿Le suena? Era uno de los apoderados de Transporte Metropolitano, que controlaba hasta el año pasado el funcionamiento de la ex línea Roca. 

Taselli compró la compañía  en 2004 y la presentó en un concurso de acreedores por una deuda de US$ 230 millones. Desde entonces, la fábrica fue perdiendo importancia en el mercado, redujo su personal de 1200 a 400 empleados y entró en crisis financiera y comercial, según publica el diario El Cronista.


 


Por eso, los empleados pretenden la estatización de la empresa, el desplazamiento de Taselli y la creación de un plan productivo que sea encarado por el personal.


 

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