¿Se va a acabar el gas en los hogares?

Economía

A todos nos pasó hoy que la llama de la cocina tardaba más en calentar. Y la respuesta a la pregunta del título es, entonces: SI.

Primero fue la suspensión de la exportación de gas a Chile. Después, las multas a las industrias que lo usaran mucho. Vinieron después las prohibiciones. En vísperas de un fin de semana largo, prohíbieron la venta de GNC: Claramente, esta medida impopular es el último recurso que tiene el Gobierno para impedir un hecho que, de producirse, tendrá un alto impacto en las urnas: El desabastecimiento de gas en los hogares. 

Sin duda, la ola de frío es el motivo determinante que elevó los consumos de gas para la calefacción. Pero, ya lo veníamos diciendo, hay una serie de motivos concurrentes que se pueden ir escalando en el tiempo y que explican que se haya apelado a este recurso inédito.

Mirando hacia atrás en el corto plazo, la exportación de gas a Chile es, al menos, un negocio cuestionable: No se trata de dejar a los hermanos trasandinos sin combustible: simplemente, es del mas absoluto sentido común pensar que un producto de primera necesidad se puede exportar si y solo si está cubierto el mercado interno. Y los hechos demuestran que eso está lejos de ser así.

Pero si seguimos mirando hacia atrás, veremos un motivo mas cuestionable aún: Las empresas que tomaron en sus manos la explotación de gas no invirtieron en los últimos diez años lo suficiente como para garantizar ni la distribución ni la exploración y extracción del combustible.

Los cuestionados gasoductos que se están construyendo y en los cuales participa la empresa Skanska, no llegan a cubrir ni el 8% de las necesidades que tiene nuestro país. Es decir, se necesitan unos 15 gasoductos como ésos. Y en cuanto a los yacimientos, ya se sabe, es el área en que la inversión es más riesgosa, porque se puede explorar por meses un pozo que no tenga suficiente gas. Ése es probablemente, el hecho que mejor explica la actual falta de combustible: En 1986 había 190 pozos de exploración y actualmente hay 25 que, obviamente, están sobreexplotados. Y lo que es peor, el Gobierno que se llena los pulmones de aire para gritar en contra de la década del 90 no impuso hasta el momento, ninguna obligación de exploraciones de nuevos yacimientos.

De modo que, preguntemos otra vez: ¿Es posible que nos quedemos sin gas en los domicilios?. Y la respuesta es cada vez mas obvia: Si.

Si la ola de frío persiste, la presión del gas puede seguir disminuyendo. Las autoridades tienen dos esperanzas con las que esperan conseguir, al menos, un empate: Por un lado, especulan con que, en un fin de semana largo, el área metropolitana tendrá menos consumidores. Y por otro, con que el frío se vaya pronto (Al fin y al cabo, Buenos Aires nos tiene acostumbrados a los picos de frío seguidos por temperaturas otoñales, no?).


 


Nunca como hasta ahora, el malhumor de la población dependía tanto de dos variables que el Gobierno no maneja. La suerte, está echada. A no calentarse.

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