Sepa cómo es la reforma del FMI que apoyan Cristina y Lula

Economía

El titular del FMI, Dominique Strauss-Kahn, anduvo por estas horas en la Argentina sumando apoyos a su gestión y ratificó ayer ante Cristina Fernández sus intenciones de "reconstruir las relaciones entre el Fondo y la Argentina".

Strauss-Kahn asumió la titularidad del Fondo con la promesa de mejorar la participación de los países no desarrollados en las decisiones de la entidad. Pero ¿en qué consiste esa reforma? Para entenderla, hay que hacer un poco de historia.

El Fondo Monetario Internacional, creado en 1944 tiene actualmente 185 países miembros, de los cuales 24 integran la junta de directores. Cada país miembro tiene que pagar una cuota por pertenecer al FMI, y esa cuota está calculada en relación a la importancia de su economía en el panorama mundial.

Hasta ahí, todo bien, porque tiene sentido que cada uno pague en función de lo que puede. Sin embargo, el centro de las críticas está en el hecho de que la importancia de la cuota también determina la importancia de los votos que cada país puede emitir.

Según este sistema de “voto ponderado” cada país miembro tiene 250 votos básicos, más una cantidad de  votos adicionales que se suman por la cantidad de dinero extra que aportan de cuota. En consecuencia, Estados Unidos tiene 371.743 votos (16,79% del total) y Palau (uno de los países más jóvenes y menos poblados del mundo, que se encuentra en Oceanía) tiene 281 votos (0,01% del total). El caso es particularmente ridículo, porque Brasil -la décima economía mundial- cuenta únicamente con el 1,41% de los votos.

La reforma


La iniciativa que Strauss-Kahn  se compromete a impulsar consiste en una doble mayoría: por un lado se mantendría el sistema actual de ‘votos ponderado’, pero eso se combina con el voto por la mayoría simple, es decir un voto por cada uno de los 185 miembros.

Cada día que pasa es mas insostenible la estructura del FMI, y este nuevo sistema podría ser la revivificación de lo que la mayoría de los analistas europeos señalan como “el Titanic”.

Varias publicaciones internacionales (impensables de heterodoxia económica) explican que, históricamente, los países ricos utilizaban al FMI para ordenar a los más pobres a que ordenaran sus finanzas, no gastaran más de lo que podían o que equilibraran sus cuentas.

En la actualidad, Brasil, India o Sudáfrica, por citar algunas de las naciones cuyas economías crecen a valores acelerados, reclaman que el Fondo actúe para poner en orden las finanzas de Estados Unidos, cuya economía está en franca desaceleración y cuyos “manotazos de ahogado” para salvar los problemas derivados de la crisis hipotecaria generan distorsiones en la economía del mundo entero.

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