*Fue lo que gastó el Gobierno de Néstor Kirchner para influir sobre los sectores que actúan directamente sobre ése índice. *El Indec no registró otras variables que hubieran hecho imposible bajar la inflación a un dígito.
La preocupación del Gobierno de Néstor Kirchner durante el 2006 a nivel económico fue una: bajar el índice de inflación a un dígito. Y el resultado de tanto esfuerzo logró sus frutos: durante el 2006 la inflación fue de 9.8%. Ahora bien, cuál fue el costo que se pagó por lograr lo que para muchos era imposible. El costo tiene un nombre y es un viejo conocido dentro de cualquier estratégia política: se llama subsidio.
Al menos $4.418 millones fueron desviados por la administración Kirchner durante 2006 para controlar las actividades que más influyen en la construcción de los índices de precios al consumidor y de insumos mayoristas, según informa en su edición de hoy el diario La Nación.
El foco de la cartera económica estuvo fundamentalmente direccionado a dos rubros con una alta ingerencia inflacionária: las tarifas energéticas y los transportes. Hacia ése lugar se dirigieron la gran mayoría de los fondos públicos. Siempre teniendo en cuenta de incursionar en los sectores que miden e influyen a la hora de hacer estadísticas del impacto inflacionario por parte del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec).
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Durante el 2006, entre los ómnibus y colectivos, de larga distancia y urbanos, más el transportes de carga y los ferrocarriles se llevaron $2.601 millones, aproximadamente un 2,5% del presupuesto total de 2006.
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Los trenes, se toma el boleto mínimo como referencia, recibieron $397,7 millones en el año. El resto se lo llevó el transporte de cargas por camiones. Hacia fin de año, también se autorizaron subsidios a las aerolíneas para algunos destinos, aunque, comparado con los otros transportistas, las compañías aéreas recibieron sólo $15 millones.
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Otro gran monto de subsidios se destinó a la generación de electricidad con el fin de sostener la misma cantidad de energía, aunque producirla cueste mucho más. Este es el caso de las generadoras de térmicas, que en vez que funcionar a base de gas natural tienen que quemar fueloil, varias veces más caro que el gas. Esta operación le costó al Estado en los primeros once meses del año $1.351 millones.
Además se destinan fondos a la compra del gas boliviano, que se adquiere a US$ 5 enmillón de BTU -unidad de medición británica- y se vende a no más de 1,50 en el mercado interno. Esa diferencia, que en 2006 llegó aproximadamente a $330 millones, salió de fondos públicos, sólo que esta vez no por subsidio directo sino por mayores retenciones del fluido que se vende a Chile.
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