El fantasma del hermano Daniel

Una comisión investigadora de la profanación a la tumba de Juan Domingo Perón, encabezada por el entonces Juez de Instrucción Jaime Far Suau, entrevistó a fines de 1987 en Madrid a Isabel Martínez y para sorpresa de los visitantes la ex Jefa de Estado navegó entre declaraciones intrascendentes y explícitas negativas a colaborar con la justicia en la resolución del caso que afectaba  a su marido muerto.



- Señora, ¿es cierto que el Presidente Alfonsín le aseguró que la profanación a la tumba de su marido sería resuelta con la colaboración de servicios de inteligencia de otros países?, preguntó el juez de la causa.



- Ay… pues no recuerdo si me dijo eso…



Isabelita no colaboró con la comisión que investigaba la profanación de la tumba de Perón.    


Una y otra vez la mujer se empecinaba en ocultarle información a la delegación argentina, hasta que por su propia cuenta comenzó a relatarles anécdotas que reflejaban su furia contra el gran amigo de Perón –Jorge Antonio- y contra el caudillo catamarqueño Vicente Leónidas Saadi.



Contó que aquel líder feudal le hacía firmar papeles a Perón en Madrid y después generaba créditos en bancos europeos a nombre de su esposo. El relato se fue hasta el punto que Isabel admitió haberlo sacado a punta de pistola de la residencia madrileña, una historia que nunca confirmó ningún otro dirigente peronista.



Los investigadores preguntaban una cosa y la mujer respondía otra. Todos quedaron con la idea que habían sido atendidos de compromiso, pues la ex presidenta se negaba a clarificar aspectos que sirvieran a la causa.


En la entrevista con los miembros de esa comisión aprovechó para hablar mal de Jorge Antonio, el gran amigo de Perón, y de Vicente Leónidas Saadi, quien -según Isabel- , engañaba a Perón y sacaba créditos a su nombre.   


Hasta que alguien puso el dedo en la llaga: Preguntó por José López Rega y sus rituales esotéricos, y la posibilidad que la profanación del cadáver hubiera transitado la senda de algún ritual espiritista. El brujo estaba vivo y preso a esa fecha.



Isabelita se cuidó de no defender a su ex ministro pero tampoco de achacarle culpa alguna. Pero extrañamente aún mantenía cierto temor de hablar mal sobre las prácticas rituales de Lopecito.



Ya no lo tenía fisicamente cerca, pero la impresión que se llevó la delegación judicial argentina es que algún fantasma seguía acechando a Isabelita, y quizás sólo la muerte de López Rega el 9 de junio de 1989 pudo apaciguarle el espíritu.



Si se observa la cronología de publicaciones en que intervino el ex Ministro de Bienestar Social, pueden producir más sonrisas que pánico. En la imprenta Rosa de los Libres  -donde se desempeñó como linotipista-, editó Astrología Esotérica (una obra de casi 600 páginas), El Tercer Mundo en Acción, en el cual vaticinaba una especie de resurgir de los continentes Asia, Africa y América… o sea la triple A. y Astroagenda 1965, una curiosidad que llevaba impresa la frase: “Calculada científicamente por el astrólogo José López Rega”, y que se vendía en las inmediaciones del estadio de Independiente los días en que el rojo jugaba en su cancha.


Interrogada sobre López Rega y sobre la posible relación de la profanación de la tumba de Perón con algún ritual esotérico, la ex presidenta demostró que ciertos fantasmas seguían acechándola.    


Integrante de la logia Rosacruz (un grupo que tuvo muy mala prensa durante su período de mayor auge religioso en la Argentina, en los años 50 del siglo pasado), de un grupo llamado Anael y de otros movimientos espiritistas, López Rega se hacía llamar hermano Daniel por la esposa del caudillo.



José Crespo, su numerólogo, le había advertido que debía cuidarse de un personaje nacido un 17 de octubre. Justamente, esa fecha de 1916, un matrimonio de humildes inmigrantes dio a luz a ese personaje que tiñó de sombras la Argentina: José López Rega, el hermano Daniel.

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