La gente, los dirigentes y el discurso

El periodista de C5N analiza para minutouno.com el escenario político a menos de una semanas de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO).

Escribe Fabián Doman

En el año 2003, antes que Tony Blair entrara en el ocaso por la participación británica en la invasión a Irak junto a EE.UU., el diario conservador Daily Mirror, en un editorial sobre el fracaso de los conservadores en sus intentos para retomar el poder en manos laboristas, encontraba en el discurso el problema de "los tories". Según el diario, los conservadores lejos de tener un discurso propio solo repetían  el de los medios de comunicación  y del establishment dirigencial. El tabloide conservador concluía su análisis señalando que los tories debían encontrar un libreto propio si querían volver al poder (mucho caso no le hicieron porque recién lo lograron con Cameron en el 2010). 

Este fin de semana, la cuestión volvió a surgir en el reportaje de Jorge Fontevecchia a Sergio Massa, en Perfil. Traducido al lenguaje argentino, la discusión tácita paso por si un candidato debe hablarle "a la gente" o "a los dirigentes". La respuesta políticamente correcta es que debe hablarse a ambos públicos, pero esto que parece obvio, no resulta tan sencillo a la hora de llevarlo a la práctica. Pocos lideres -Bill Clinton, otra vez Blair- son ejemplos de aquellos que lograron fusionar ambas estrategias. 

Aceptando la dialéctica de que en Argentina hoy se le habla a la gente o a los dirigentes, es más que obvio que en general los principales líderes y candidatos peronistas –en todas sus variantes-  le hablan a la gente y según la ocasión y las circunstancias a los dirigentes (Cristina, Scioli, Massa etc.), con la salvedad de que el gobernador y el intendente han hecho un culto de un discurso popular que presenta al funcionario público como un gerenciador de los asuntos del Estado. El PRO también se suma a la segunda parte del postulado. No se los puede criticar: es mucha o casi toda la gente la quiere escuchar eso. El kirchnerismo también se referenció en la gente –sobre todo en el último lustro- , al criticar y condenar la intermediación mediática en la relación gobierno/ciudadano.

Frente a este panorama los radicales le terminan hablando a su propio público (Yrigoyen y Alfonsín fueron las excepciones), mientras que los extremos, la derecha y la izquierda, parten de escenarios tan catastróficos de la realidad, que después es poco lo que pueden construir en términos de discurso.

En esta lógica se movió esta breve campaña electoral -entendida como los spots de radio y televisión y las fugaces apariciones mediáticas de los candidatos - mostro en tres semanas dos rasgos uniformes: se le hablo a la "gente" y con la inseguridad como el megatema excluyente (y todo lo que eso significa), con algunas notas de inflación, impuestos al trabajo y pedidos de justicia independiente. Esta estrategia naturalmente no explica la campaña kirchnerista, que como todo oficialismo apunta a mantener el rumbo. La expresión natural de la continuidad.

El paroxismo de la inseguridad llego con el robo a la casa de Massa, convertido en la obsesión electoral de las últimas 48 horas.

Todo esto se dio con otro fenómeno: a  diferencia de otras campañas donde el peligro es la "nacionalización" o en un excesivo localismo, estas PASO-2013 han mostrado la curiosa situación de que el proselitismo sufrió una notable "bonaerización". La semana pasada durante un reportaje radial Gabriela Micheti candidata a senador por la Capital, se quejaba con razón de que todo el tiempo le preguntaban por la elección de la provincia y su opinión sobre los candidatos de ese distrito (en realidad por Massa).

Probablemente hay un elemento adicional que hizo que se hable a la gente en la campaña: los dos candidatos más importantes, Massa e Insaurralde son Intendentes. Es decir, jefes locales más acostumbrados a tener que dar respuestas rápidas que a teorizar sobre los temas.

Esto nos vuelve a la cuestión del discurso y el dialogo del diario Perfil del domingo: a un Intendente bonaerense peronista, por su propia naturaleza no le interesa tanto dar su opinión filosófica sobre el aborto, por caso, sino,  decidir sobre la marcha, que hacer en caso de que tener que enfrentar un caso terapéutico siguiendo el protocolo de la Corte. Es que a estos "Coroneles" del conurbano según la definición del propio Massa, en la que también están incluidos Insaurralde o Giustozzi por citar solo algunos ejemplos  (o Julio Pereyra o Hugo Curto), no les persigue la necesidad de entregar conceptos sobre las cosas, sino las urgencias por resolverlas. Como Intendentes no se les puede pedir algo diferente.

Pero si las aspiraciones son mayores, son otros los factores en juego. Y otra la audiencia. Y así resulta fundamental saber lo que piensan en teoría y cómo llevarlo a la práctica, sobre los temas que le interesan a la gente.

Claro, que a favor de ellos, se podrá decir, que no tienen la culpa de que otros les dejen espacios libres en el escenario político de estas elecciones. Pero esa es otra discusión.

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