Críticos del baile del caño, representantes de la Argentina Hipócrita

Espectáculos


  • “El baile del caño me da asco”.
  • “¿Cómo es posible que el “baile del caño” se emita por televisión abierta en horario central y nadie haga nada?”
  • “¿Qué les digo a mis hijos cuando preguntan por qué esas señoras están bailando desnudas?”
  • “¿Es tan difícil hacer televisión con rating pero “de buen nivel”?

    Blah, blah, blah……

La Argentina toda, indignada, expresa su más profundo desprecio por las inquietantes imágenes que se emiten en Bailando por un sueño, el exitoso programa de Marcelo Tinelli.

Es cierto que lo que se ve en pantalla es fuerte. También es verdad que lo que allí sucede resulta por lo menos incómodo de comentar o explicar frente a los chicos ( para quienes la hora de irse a la cama hace tiempo roza la medianoche).

Ahora, a los horrorizados televidentes:
¿ Por qué no cambian de canal? ¿ Qué les impide apagar el televisor, si tanto los trastornan los bailes y contoneos eróticos de las subestrellas argentinas?
Hay, por lo menos, cuatro canales más de televisión abierta y un centenar de programas de cable si de mirar tele se trata.

Entonces, la pregunta es: ¿no será que en el fondo no pueden ni quieren ver otra cosa?

Para tener 40 puntos de rating (puntaje que alcanza Bailando por un sueño durante algunos picos de audiencia cuando emite el “Baile del caño”) es necesario que haya mucha gente mirando. A título de ejemplo basta mirar la planilla de Ibope del miércoles pasado, según la cual, "Bailando por un sueño" tuvo el 53.8% del share (esto significa que de todos los televisores encendidos, más de la mitad estaban sintonizando el programa de Tinelli). Esa “mucha gente” se compone, necesariamente y por fría deducción estadística, de personas de todo tipo, sexo, edad, estudios y condición social.

Así que, por favor, basta de hipocresía. Si no les gusta el programa, no lo miren. La única manera de “castigar” a un producto televisivo es restarle audiencia (menos rating = menos publicidad = menos programa).
Y si optan por mirarlo, tengan el coraje de admitirlo, o, por lo menos, la decencia de no despotricar en contra de su propia opción.

Y si no, después no nos quejemos de la Argentina hipócrita, porque esta clase de comportamiento tan argentino, no hace más que alimentar el pésimo hábito nacional de la mentira.

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