De vender medias y cantar tangos a convertirse en Chiche Gelblung: la historia que pocos conocen
Antes de convertirse en uno de los periodistas más reconocidos, vivió en un depósito, vendió medias por la calle, consiguió estudiar periodismo con una historia insólita y hasta cantó tangos bajo otro nombre.
Mucho antes de los grandes estudios de televisión, de Memoria, de sus investigaciones y de las polémicas que marcaron su carrera, Chiche Gelblung, quien murió hoy a los 82 años, tuvo una juventud atravesada por situaciones que parecen sacadas de una película. Samuel todavía no era Chiche, ni tenía un lugar asegurado en los medios: había dejado su casa siendo adolescente, sobrevivía con distintos trabajos y buscaba la manera de abrirse camino.
Una de las historias menos conocidas de aquella etapa tiene como escenario un lugar inesperado: un depósito de huevos podridos. Allí vivió durante aproximadamente un año después de irse de su casa a los 14 años. Según contó él mismo, era un lugar donde no tenía que pagar para dormir y con el tiempo terminó acostumbrándose al olor.
“De huevos podridos”, aclaró cuando le preguntaron por aquella experiencia. En ese período dejó el colegio porque, según explicó, debía elegir entre continuar estudiando o comer. Y fue entonces cuando empezó a trabajar como vendedor de medias y libros. La venta ambulante terminó teniendo una consecuencia inesperada en su vida.
De vender medias por la calle a encontrar una historia periodística
Mientras recorría Buenos Aires para ganarse la vida, comenzó a desarrollar una habilidad que después sería fundamental en su profesión: observar. En una entrevista con LA NACION, contó que vendiendo medias en un local ubicado en Medrano y Corrientes reconoció a un hombre que le resultaba familiar. Se trataba de uno de los protagonistas de la estafa de ONAPRI, un caso que había tenido una enorme repercusión.
La situación podía haber quedado simplemente como una coincidencia, pero Gelblung decidió acercarse. Lo reconoció, entendió quién era y consiguió entrevistarlo. La nota tuvo repercusión y confirmó algo que ya empezaba a descubrir: su capacidad para encontrar historias en lugares donde otros no las estaban buscando.
Ese episodio fue una de las primeras demostraciones de un rasgo que después definiría su carrera. La curiosidad, la audacia y la capacidad para acercarse a personajes difíciles de encontrar serían herramientas fundamentales durante sus décadas como periodista.
La insólita historia con la que consiguió estudiar periodismo
Había otro problema: Gelblung no había terminado el colegio secundario. Para poder avanzar en su formación profesional necesitaba encontrar una solución y recurrió a una salida tan arriesgada como particular. Según contó en distintas entrevistas, buscó la ayuda de un sacerdote jesuita, el padre Tony, que era amigo suyo. Le pidió que inventara una historia: debía hacer constar que había estudiado en un colegio de Ecuador cuyos registros se habían perdido después de un incendio.
El sacerdote aceptó aquella “mentira piadosa” y redactó una carta que le permitió ingresar a la Universidad del Salvador para estudiar periodismo. Pero Gelblung insistió siempre en que aquella falta de educación formal no significaba falta de formación. Se definía como autodidacta y aseguraba que había leído y estudiado por su cuenta.
Mientras avanzaba con sus primeros pasos profesionales, comenzó a trabajar como corresponsal para un diario de Comodoro Rivadavia y realizó colaboraciones para La Razón. Poco después llegaría a Editorial Atlántida y a la revista Gente, donde su carrera comenzaría a tomar otra dimensión.
Mariano Ovejero, el nombre secreto de Chiche
Pero antes de convertirse definitivamente en Gelblung, también existió Mariano Ovejero. El seudónimo apareció inicialmente en un contexto periodístico. Durante la Guerra de los Seis Días, en 1967, decidió no firmar sus crónicas con su verdadero nombre porque consideraba que hacerlo podía generar cuestionamientos sobre una supuesta falta de objetividad debido a su origen judío.
Pero Ovejero tuvo además una segunda vida completamente diferente: el tango. El periodista siempre contó que cantar era una de sus muchas vocaciones. Además del periodismo, durante su juventud había imaginado otras vidas posibles: quería ser médico, corredor de Fórmula 1 y cantor de tangos. Finalmente, esa última posibilidad se hizo realidad.
El cantor de tangos que terminó eligiendo el periodismo
Su llegada a La Botica del Ángel, el mítico espacio artístico de Eduardo Bergara Leumann, ocurrió casi de casualidad. Según recordó Gelblung, el cantante que debía presentarse una noche no pudo hacerlo y alguien preguntó quién podía reemplazarlo. “Yo canto tangos”, respondió.
Así comenzó una experiencia que duró aproximadamente un año y medio o dos años. Bajo el nombre de Mariano Ovejero, Gelblung se presentó en La Botica del Ángel mientras continuaba trabajando como periodista. Uno de sus números tenía como canción destacada Antiguo reloj de cobre, un tango que, según contó, repetía prácticamente todas las noches.
La aventura terminó cuando los responsables de Editorial Atlántida fueron a verlo actuar y descubrieron su segunda profesión. La situación derivó en un ultimátum: debía elegir entre el tango y el periodismo. Ganaba más como periodista. Y eligió el periodismo. Con el tiempo, aquella decisión quedó como una de las tantas historias que explican la personalidad de Gelblung.
Antes de convertirse en una figura televisiva reconocible por millones de argentinos, había sido vendedor, autodidacta, estudiante con un ingreso académico poco convencional, corresponsal, periodista gráfico y hasta cantante de tangos. El propio Chiche definió al seudónimo Mariano Ovejero como una especie de “beta artística” y recordó aquella etapa como una experiencia que lo divertía.
Después vendrían Gente, la dirección de la revista, las coberturas internacionales, la radio, la televisión, Memoria y una carrera que terminaría convirtiéndolo en uno de los periodistas más reconocibles de la Argentina.
Pero detrás de ese personaje televisivo había una historia mucho más extraña y menos conocida: la de un adolescente que dejó su casa, sobrevivió vendiendo medias, encontró una noticia mientras trabajaba como vendedor, consiguió estudiar periodismo gracias a una historia insólita y, durante un tiempo, también se ganó la vida cantando tangos bajo un nombre que no era el suyo.
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