La máquina de la verdad: el segmento de Chiche Gelblung que marcó la TV de los 90

Espectáculos

El polígrafo se convirtió en una de las grandes marcas de Memoria y llevó a políticos, famosos y protagonistas de casos mediáticos a enfrentarse a un interrogatorio que atrapaba a la audiencia.

La televisión argentina de los años 90 tuvo una serie de formatos que quedaron grabados en la memoria colectiva. Entre ellos estuvo Memoria, el ciclo conducido por Chiche Gelblung, quien murió hoy a los 82 años, que convirtió la investigación, el misterio y la polémica en ingredientes centrales del entretenimiento. Y dentro de ese universo hubo un segmento que rápidamente adquirió identidad propia: la máquina de la verdad.

El recurso tenía una premisa sencilla y, justamente por eso, resultaba irresistible para la televisión de aquella época. Una persona se sentaba frente a Chiche y respondía una serie de preguntas mientras permanecía conectada a un polígrafo.

El dispositivo registraba diferentes respuestas fisiológicas del cuerpo y, a partir de esas mediciones, se construía la expectativa sobre si el entrevistado estaba diciendo la verdad. La escena combinaba tecnología, suspenso y exposición pública. Pero el verdadero atractivo no estaba solamente en el aparato: estaba en la forma en que Gelblung conducía el interrogatorio.

El polígrafo llegó a la televisión de los 90

En una época en la que todavía no existían las redes sociales ni el consumo de contenidos bajo demanda, la televisión abierta concentraba buena parte de la conversación pública. Los programas que conseguían instalar una historia podían convertirla rápidamente en tema de conversación al día siguiente. Memoria entendió esa lógica y la llevó al extremo.

El ciclo abordaba investigaciones, personajes controvertidos, fenómenos extraños y casos que despertaban curiosidad. La máquina de la verdad encajaba perfectamente dentro de ese universo. Políticos, celebridades y protagonistas de historias que habían adquirido repercusión mediática podían quedar frente al polígrafo para responder preguntas incómodas.

El mecanismo generaba una tensión particular: cada pregunta podía cambiar el clima del estudio y cada reacción era observada con atención. La presencia del técnico y del aparato aportaba una apariencia científica a la escena, mientras que el interrogatorio de Chiche convertía el procedimiento en televisión.

Chiche Gelblung convirtió las preguntas en espectáculo

La gran particularidad del segmento era que el polígrafo no era el protagonista absoluto. La conducción de Gelblung resultaba determinante para construir el clima. Chiche tenía un estilo directo, incisivo y muchas veces provocador. No se limitaba a leer preguntas: repreguntaba, buscaba contradicciones y llevaba al entrevistado hacia terrenos cada vez más incómodos.

La fórmula funcionaba porque mezclaba elementos que la televisión conoce desde hace décadas: una persona sometida a presión, una verdad que supuestamente estaba a punto de revelarse y un conductor dispuesto a insistir hasta conseguir una respuesta.

El público, mientras tanto, ocupaba un lugar particular. No podía intervenir directamente, pero observaba el procedimiento como una suerte de tribunal televisivo. La pregunta ya no era solamente qué iba a responder el entrevistado, sino si el aparato confirmaría o pondría en duda su versión.

El fenómeno que anticipó una televisión que todavía no existía

Vista desde la actualidad, la máquina de la verdad también puede entenderse como un antecedente de algunos formatos que años después se trasladaron a internet y las plataformas digitales. La exposición de la intimidad, las preguntas incómodas, las confesiones y la búsqueda de una reacción auténtica forman parte de contenidos que hoy circulan diariamente por YouTube, TikTok, Instagram y el streaming.

La diferencia estaba en la tecnología y en el contexto. En los 90, el escenario era un estudio de televisión y el elemento que concentraba la atención era un polígrafo conectado al entrevistado. Hoy, esa misma lógica puede aparecer en una entrevista viral, un vivo o un programa de streaming.

En Memoria, sin embargo, la fórmula tenía el sello particular de Gelblung: un dispositivo presentado como detector de verdades y un periodista que sabía convertir cada respuesta en un acontecimiento televisivo. La máquina de la verdad quedó asociada para siempre con una etapa de la televisión argentina en la que los programas de investigación y los grandes espectáculos televisivos podían convivir en un mismo espacio.

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