Daniel Hendler confesó los problemas que le trajo la fama y detalló un episodio estético que le dejó secuelas físicas y psicológicas.
El consagrado actor Daniel Hendler parece no estar cómodo con su éxito en "Graduados" ya que sufre, en parte, el acoso de los fans y ciertos requerimientos estéticos de la producción.
"Trato de vincularme con la prensa sólo cuando tengo algo para estrenar o decir. Me ofrecieron hacer notas para las revistas, pero dije que no. También varias veces me negué a sentarme a la mesa de Mirtha Legrand. Y voy a seguir diciendo que no", afirmó Hendler a la revista Gente.
En cuanto a su vida de todos los días, puntualizó: "Trato de evitar ir a lugares muy concurridos, como los shoppings, porque ahora los celulares vienen con camaritas y te piden una fotito aunque no les caigas simpático. Ojo, me encantan las fotos, pero a veces accedés a una y ahí tenés que esperar a que te la aprueben. ¨Disculpa, salió movida¨ te dicen y hay que volver a posar hasta que te den el ok. Llegué a desear no estar trabajando en la tele".
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Sin embargo, rescata un beneficio. "Tal vez la fama está buena cuando tenés que hacer trámites y te atienden mejor. Disfruto y me siento halagado cuando me felicitan por mi trabajo", aseguró.
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Por último, habló de su segundo trauma: "Burman hizo que me depilaran la espalda para ¨Esperando al Mesías¨. Yo tenía 23 años y no le cerraba que fuese tan peludo. De esa depilación de técnicas holandesas supuestamente no dolorosas crecieron más y más irregularmente. Desde entonces me volví fóbico a lo que se refiere a cortes de pelo. A tal punto que si una maquilladora quiere sacarme un pelo de la nariz lucho hasta último momento".
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