Memoria, el programa que convirtió a Chiche Gelblung en una figura única de la televisión

Espectáculos

El ciclo que comenzó en los años 90 mezcló investigaciones, entrevistas, misterio y polémica y terminó convirtiéndose en una marca inseparable de su figura.

Hubo un antes y un después de Memoria en la carrera de Chiche Gelblung. El periodista ya tenía una extensa trayectoria en medios gráficos y había trabajado como cronista y corresponsal, pero fue la televisión la que terminó de convertirlo en una figura reconocible para millones de argentinos. Y dentro de esa historia, el programa ocupó un lugar central.

El ciclo comenzó en Canal 9 en la década del 90 y permaneció en pantalla hasta 2002. En sus primeros tiempos tuvo a Gelblung junto a Silvia Fernández Barrio, aunque posteriormente el periodista quedó al frente del programa. La propuesta fue cambiando con el paso de los años y encontró una fórmula propia basada en investigaciones, entrevistas, noticias impactantes y temas vinculados al misterio.

Memoria, de la investigación al impacto televisivo

Memoria nació con una intención vinculada a la revisión de hechos históricos, pero rápidamente amplió su universo. El programa comenzó a incorporar temas capaces de generar sorpresa, polémica y curiosidad en la audiencia.

La fórmula tenía varios componentes: había informes periodísticos, entrevistas a protagonistas, investigaciones sobre casos particulares y también historias que podían moverse en terrenos mucho más cercanos al misterio o lo extraordinario. Esa combinación permitió que el ciclo encontrara un tono propio dentro de la televisión de esa década.

La existencia de registros audiovisuales de la época también permite comprobar la amplitud temática del programa. En 1994, por ejemplo, Memoria abordó cuestiones vinculadas con la donación de sangre, el VIH y el sida, con la participación de especialistas y representantes de organizaciones de la sociedad civil.

Chiche Gelblung y una televisión que buscaba sorprender

Uno de los secretos de Memoria fue entender que una investigación televisiva no necesitaba limitarse a la presentación de datos. El programa apostaba por reconstrucciones, imágenes fuertes, testimonios y situaciones que buscaban generar una reacción inmediata.

De allí surgieron algunos de los segmentos más famosos: la investigación sobre Alex Orbito, por ejemplo, se convirtió en una de las denuncias más recordadas del ciclo. También quedó en la memoria la recreación de una supuesta autopsia extraterrestre, presentada como una forma de mostrar cómo podía construirse una noticia falsa.

Ese modo de hacer televisión generó admiradores y detractores. A Gelblung se le reconocía capacidad para encontrar historias capaces de despertar interés, pero también se cuestionaba el tono y el rigor de algunas de sus puestas televisivas. Un perfil publicado por LA NACION años después describió justamente esa combinación entre ingenio, provocación y una utilización deliberada de elementos extravagantes.

El programa no se sostuvo únicamente en las investigaciones. Las entrevistas ocuparon un lugar importante y permitieron que se cruzara con figuras de distintos ámbitos. Entre las más recordadas aparece la conversación con Mia Farrow. La presencia de la actriz estadounidense en el ciclo representa bien la ambición que podía tener Memoria: incorporar a una personalidad internacional y convertir su visita en un acontecimiento televisivo.

Una marca que sobrevivió al programa de Canal 9

Memoria dejó de emitirse en 2002, pero su influencia sobre la carrera de Gelblung permaneció. Después llegaron nuevos ciclos, participaciones en programas de actualidad, debates y formatos de entretenimiento. Sin embargo, para buena parte del público, su imagen televisiva continuó inevitablemente vinculada a aquel programa de los años 90.

La razón es sencilla: Memoria no fue solamente un programa dentro de su extensa carrera. Fue el espacio que estableció definitivamente su personaje televisivo.

La mezcla de investigación, espectáculo, polémica y misterio encontró allí su expresión más reconocible. Y aunque la televisión argentina cambió radicalmente desde entonces, el nombre del ciclo quedó asociado para siempre a una manera de hacer periodismo televisivo que buscaba, antes que nada, que el espectador no cambiara de canal.

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