¿Por qué fracasa Gran Hermano? Las razones de un éxito en caída

Espectáculos

La incorporación del baile del caño como un nuevo ritmo de “Bailando por un sueño” puso en evidencia lo que Telefé se temía: la confirmación del contundente fracaso de "Gran Hermano Famosos".

Sólo por mencionar algunos ejemplos, el lunes 28 de mayo, las planillas de Ibope mostraron un promedió de 34,8  para el programa de Marcelo Tinelli (con el debut de pole dance) frente a 17,6 del reality. Al día siguiente “Showmatch” alcanzó picos de 35,7 puntos gracias al polémico destape de Nazarena, que le valió las multas del COMFER, frente a los 20,4 de la edición especial de su competidor.  

Ahora bien, ¿a qué se debe la derrota? Cuando la cuarta edición local del reality todavía estaba en el aire y en su momento de mayor esplendor, el rumor de que al finalizar esa versión Telefé pondría en marcha la primera emisión en el país del show con integrantes famosos, sonaba difícil de creer y un poco apresurado. Sin embargo, eso fue exactamente lo que ocurrió una semana después de que Marianela Mirra se consagra como la gran ganadora del ciclo.

Pero ese mismo afán de continuar liderando el codiciado prime time, hizo que a la producción del programa que durante los primeros meses del año supo consagrarse como un verdadero éxito televisivo en términos de rating y repercusión, se le escaparan algunos detalles.

Desde el vamos, la elección de los integrantes que serían parte del show no fue la esperada. A diferencia de Tinelli, esta nueva versión del ciclo deja mucho que desear en materia de lo que se dice “famosos”. Más que estrellas del momento, el show cuenta con personajes que necesitan volver a tener su minuto de fama.

Es la decadencia personificada del que llegó a la cima (por decirlo de alguna manera) y no se pudo mantener. Tal es el caso de Lissa Vera, la ex Bandana, y de Pablo Tamagnini. Paradójicamente, dos chicos salidos de otros dos realities que vieron la gloria y de golpe empezaron un proceso de caída libre.

Precisamente, la magia de Gran Hermano está en que los televidentes puedan sentirse identificados con los personajes del show. Ver como un estudiante de medicina como Juan Expósito, un chico gay como Sebastián Pollastro o una aspirante a vedette como Claudia Ciardone formaban parte del ciclo,  era la evidencia empírica de que personajes cotidianos (más allá de los estereotipos elegidos)  podían meterse en los hogares argentinos y hacerse conocidos de la noche a la mañana.

El mismo sociólogo Luis Alberto Quevedo lo explicaba recientemente: “es el formato más exitoso de la televisión global: se hace en 70 países e inició un modo de entrada de la gente común a la tele”.

Más allá de la elección de famosos “clase B y C”, otra de las fallas estuvo en querer sumarse al rotundo éxito de la cuarta versión tradicional con tan poco tiempo entre un ciclo y otro. Si bien es cierto que en 2001, entre el primer Gran Hermano y el segundo hubo dos meses de distancia, la fórmula todavía era nueva en el país. Para la tercera edición dejaron pasar casi dos años (comenzó en octubre de 2002 y terminó en febrero de 2003) y antes de arriesgarse a una cuarta versión, lo meditaron por cuatro años.

Otro punto en contra para este Gran Hermano y que los mismos televidentes y lectores de minutouno.com expresan en los comentarios a diario, es la ausencia de las cámaras en vivo las 24 horas del día por Internet y por el canal 15 de Cablevisión,  cosa que le daba credibilidad al programa y la posibilidad de que el público conozca a la “persona por detrás del personaje”, como tanto habían promocionado los directivos del canal de las pelotas antes de poner en marcha el nuevo ciclo.


 


El futuro del reality versión VIP se vislumbra poco alentador. Pero como en el amor, nunca está dicha la última palabra. El ciclo lleva menos de un mes en pantalla y todavía le queda tiempo para sacar de la galera nuevas armas de batalla y revertir la situación. Lo sabremos con el correr de los días.

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