Marcelo Iripino, furor en Villa Carlos Paz con "Un Cacho de mi vida"

Espectáculos

El histórico coreógrafo de Susana Giménez se presentó en el Espacio Mónaco y durante una hora y media brindó un espectáculo musical que sorprendió a todos.

El coreógrafo Marcelo Iripino brilló con la presentación de su obra maestra "Un cacho de mi vida", en el Espacio Mónaco de Villa Carlos Paz.

Se trata de un espectáculos que cuenta con show de luces, lásers, y acordes; una cena íntima que se transforma en un espectáculo que durante una hora y media, dejó a todos sin aliento.

En “Un Cacho de mi vida”, no importa si es una zamba, una chacarera, una cumbia, un bolero, un Chayanne; o alguna de las canciones que le rinden homenaje al Gran Cacho Castaña: Iripino, micrófono brillante en mano, se adueña del escenario y muestra un talento único.

Su humor, su chispa, y esa personalidad arrolladora que en algunos casos hasta roza lo circense, muchos la conocen porque recuerdan lo que hacía con Susana Jiménez con quien trabajó durante dos décadas.

Pero su historia con la música arranca mucho antes, cuando a los cinco años cantaba folclore junto a su papá. Y primero mostró destellos en Bien Argentino, espectáculo que giró por todo el país y que este año abrió el festival de Jesús María. El éxito fue tan rotundo que hoy se ganó el derecho a estar en la tapa de la marquesina y tener su propio show.

Acompañado por músicos de primer nivel, quienes tocan en vivo todos sus temas, y secundado por dos fantásticas voces como las de Sofía Arburua y Juan Pessi; Marcelo ofrece un espectáculo sin fisuras en el que no se guarda nada. Por momentos es Cacho de Buenos Aires (Garganta con arena), en otro canta y baila como Chayanne, se anima a ponerle baile, ritmo y color a un tema de Ricky Martin (Pégate); y emociona cuando desangra su voz con Septiembre del 88.

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Pero vuelve a ser Marcelo y se desnuda cuando arrancan los primeros acordes en el piano de Motivos: “Hoy puedo decir que tengo motivos para ser feliz/. Que la vida me ha enseñado siempre a superar cosas que yo no creía sentirlas jamás/. ¡Creo que llegó el momento de creer en mí y creer en el amor, y eso le hace bien a mi corazón!, entona mientras el público aplaude sin parar.

Algo impensado cuando en la primavera del 2017, debió ser operado de urgencia en el Hospital Británico de Buenos Aires por un derrame pleural en el pulmón derecho.

“Pensé que me moría, que todo se terminaba ahí”, confiesa hoy. Finalmente salió, los médicos y el destino le dieron otra oportunidad, y Marcelo no la desaprovechó. El mismo día que le dieron de alta, llegó a su casa y compuso esta canción que simplemente es una caricia para el alma: “…siento que ahora vivo, lo que siempre yo he querido/, sin pisar a nadie, sigo mi camino/. Hoy tengo motivos, para superarme, cuando toco el cielo, me siento gigante: hoy tengo motivos”, entona a corazón abierto.

Y su música, su versatilidad, sus sacos de colores; crean una energía única y fantástica. Seguramente desde algún lugar, su papá, el hombre que le enseñó a cantar, aplaude orgulloso y con el pecho inflado. Y en el espacio Mónaco, las más de 500 personas que colmaron el lugar, hacen lo mismo. Todos tienen un motivo para ovacionarlo.

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