Espías, un viudo más, tráfico de influencias y un "killer" por encargo en el caso Galliano
*Los investigadores del caso están esperando que el asesino cometa algún error que aporte pruebas y no sólo conjeturas a la hipótesis de que a Rosana la mató "un killer por encargo".
*La presión para esclarecer el crimen es muy fuerte, ya que, de mantenerse impune, afectaría directamente al corazón del poder político provincial.
El miércoles 23 de enero, pocos minutos antes de las cinco de la tarde, Ramiro Rúa –abogado de José Arce-, ingresó junto a tres personas al tradicional bar La Paz de Corrientes y Montevideo. Se ubicaron en el sector para fumadores. Tras ellos, casi desapercibido, entró un hombre de más de cincuenta años, que se ubicó a prudencial distancia en una mesa y al instante de sentarse sacó de una mochila un libro avejentado y simuló leerlo. El solitario lector olvidó prender un cigarrillo, al menos para aparentar que si estaba en un sector viciado de humo, era por su condición de fumador y no porque estaba espiando a otros parroquianos. Pero nadie, o casi nadie, consideró el detalle.
El enigmático lector que estaba siguiendo al grupo del abogado (el ardid de simular una lectura es tan antiguo en los agentes de inteligencia que éste al menos pareció no haber modernizado sus métodos), debió haber puesto en funcionamiento algún mecanismo electrónico de escucha y grabación o fotografió a la distancia a los compañeros de mesa del abogado del ex marido de Rosana Galliano.
Claro que minutouno.com no pudo acceder a lo que se hablaba en esa mesa, pero quienes estaban con Ramiro Rúa –aunque no hubieran tenido relación con la causa del crimen de Rosana- no lucían precisamente aspecto de monjes benedictinos. Uno de quienes estaba sentado, delgado, cuarentón y con llamativa remera rosa, lanzaba miradas desafiantes por doquier. Una mixtura entre amenazante y paranoica.
“Estamos convencidos que a Rosana la mató un killer por encargo, un tirador profesional que estudió el terreno y actuó de común acuerdo con el instigador... pero la Justicia necesita pruebas, no conjeturas”, le dijo a minutouno.com un policía bonaerense.
José Arce ha tenido una serie de torpezas mediáticas que lo han puesto en la “pole position” de los sospechosos del crimen por encargo. Demasiada incontinencia verbal mediática y una presunta preparación del terreno para incriminar a terceros en forma burda, abrieron las puertas de la sospecha. Algo es cierto: ni la más insoportable de las madres judías (idishes mames) llamaría casi un millar de veces al teléfono de su hijo ni aunque estuviera agonizando. Si es cierto que en el entrecruzamiento de llamadas se hallaron más de novecientas con el jardinero Daniel “Yanky” González, es porque alguien las produjo intencionalmente preparando el terreno para la acusación contra el personaje en cuestión. Lo grosero de esa coartada es que ni el jardinero de los Campos Eliseos de París debe recibir tantos telefonazos en pocos meses... (y el “Yanky” González tampoco es una réplica de Facundo Arana como para suponer que Rosana se desvivía tanto por él).
José Arce propagó sus teorías sobre el asesinato de Rosana adjudicándoselo a casi todos los gremios de la CGT: Jardinero, textil, heladero, policía, el sindicato de rubios, lesbianas... Todo muy burdo para resultar creíble, pero la patraña muestra indicios de ensuciar el expediente aunque no aparecen pruebas.
La fiscalía de Zárate-Campana incorporó todos los elementos aportados por Arce y su abogado Rúa: agendas, acusaciones, teléfonos de presuntos amantes de la víctima y hasta el hallazgo de una caja de preservativos aparecida misteriosamente después de que muchas manos pasaran por la escena del crimen. Pero los sabuesos que están detrás del caso siguen a la espera del blooper que delate al verdadero instigador del asesinato y por ende a la mano criminal que apretó el gatillo.
José Arce se diferencia de los otros viudos “célebres” que lo antecedieron en este siglo, como Carrascosa –cuyo manejo del tráfico de influencias quedó harto demostrado- y Marcelo Macarrón, quien vinculado al poder político del oficialismo cordobés sigue dejando en signos de interrogación el crimen de Norita Dalmasso.
Al viudo de Rosana no lo protegen ni amistades importantes ni padrinazgos de poder. Y la presión del Ministro de Seguridad Carlos Stornelli para que este homicidio no quede impune es muy fuerte en la Policía Bonaerense. El de Rosana Galliano es uno de esos casos emblemáticos que, si se mantienen impunes, afectan directamente al corazón del poder político provincial. La dupla Scioli-Storneli no puede darse el lujo de que el primer gran asesinato mediático sucedido apenas asumieron, quede en la borrasca al estilo María Marta García Belsunce. Por eso Scioli le pide a diario respuestas urgentes a Storneli, éste se las pide al Jefe de Policía Daniel Salcedo y éste a la policía de Zárate-Campana. Y éstos envian agentes a que le respiren en la nuca (aunque no corresponda hacerlo) hasta a los amigos o clientes del abogado Ramiro Rúa, como aconteció el miércoles 23 de enero en el mítico bar La Paz.
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