Michelle

Escribe Fabián Doman

Probablemente hasta hace poco tiempo Michelle significaba para varias generaciones una de las más importantes canciones de los Beatles: el éxito de  Paul McCartney de 1965 es considerado por los especialistas como una de las mejores piezas musicales de las últimas décadas.

Casi 48 años después remite a la que probablemente se convierta el 15 de diciembre en la Presidente de Chile por segunda vez. Se trata de Michelle Bachelet, quien ya ocupó el cargo a partir del 2006 y que este domingo ganó la primera vuelta electoral presidencial chilena.

La coalición que lleva a Bachelet al Palacio de la Moneda, la "Nueva Mayoría", es bien diferente a la original de hace siete años. A los dos partidos base de la "Concertación", ahora se sumó el PCCH, el Partido Comunista Chileno que volverá al poder 40 años después de haber sido desplazados por la dictadura de Augusto Pinochet y prohibido luego durante mucho tiempo.

No es el único dato original: una de las principales candidatas a diputadas que lleva Bachelet es Camila Vallejo, la líder del movimiento estudiantil que promovió la reforma del sistema educativo universitario del país en 2011, provocándole uno de los mayores daños políticos al Presidente Piñeira. En Chile en política también hay milagros: Vallejo había prometido que nunca apoyaría a Bachelet.

Bachelet resulta un caso curioso: su presidencia no fue tranquila –paso de la polémica por la cuestión del transporte "Transantiago" a la revolución estudiantil de los "Pingüinos", todo salpimentado con fuertes disputas internas dentro de su propia coalición de gobierno- y no se esperaba que su regreso fuera inminente.  Si bien su imagen personal era muy buena entre la gente, su gobierno no alcanzaba la misma ponderación.

De ahí que la finalización de su Presidencia en el 2010 significara la ruptura del modelo político imperante en Chile desde 1990: hace tres años asumió el poder la derecha democrática y renovada representada en Sebastián Piñeira terminando con la Concertación democristiana-socialista.  Se pensaba que con Piñeira, Chile inauguraría una nueva era político ideológico. Pero nada de eso sucedió.

Siempre estuvo en los planes de Bachelet volver. ¿Pero, tan rápido?  Su muy buena consideración entre los chilenos -¿por qué los presidentes chilenos se van del poder y mantiene altos niveles de ponderación entre la gente?- y la increíble zaga de candidatos profugados por la UDI de Piñeira hicieron el combo perfecto para su regreso.

La primera apuesta fue Laurence Golborne, el Ministro de Minería responsable del rescate de los 33 mineros, situación que se suponía lo catapultaría a la presidencia del país. Pero nada de eso paso: en abril de este año Golborne tuvo que renunciar a la precandidatura por la UDI forzado por las denuncias periodísticas por no haber incluido en su declaración patrimonial su participación en una empresa minera. La segunda esperanza de Piñeira, Pablo Longueira, reemplazante de Golborne, se deprimió y abandono la carrera. Apareció entonces es escena, la tercera en discordia, Evelyn Matthei.

Para sorpresa de muchos, si bien se sabía que no resultaría sencillo para Bachelet ganar en primera vuelta, no se esperaba que la ex Ministra de Trabajo alcanzara el 25% de los votos. Probablemente un último gesto del electorado de centro y centro derecha para Piñeira y sus sueños ideológicos de continuidad.

Marco Enríquez-Ominami,  el eterno candidato a presidente de Chile de buena parte de la clase política argentina, quedo tercero con el 11%.

La campaña de Bachelet insistió en la solidaridad. Chile es exhibido en todos los análisis macro económico internacionales como un modelo a seguir. La candidata oficialista Matthei pudo darse el lujo en la campaña de preguntarles a los chilenos si estaban hoy mejor que hace cuatro años. Pero sin embargo todo eso no logra ocultar que el país tiene uno de los sistemas educativos universitarios más caros del mundo o una de las desigualdades sociales más importantes de los países integrantes de la OCDE.

Probablemente en esa doble realidad se sostenga el regreso de Bachelet. Una presidente que signifique continuidad, pero que al mismo tiempo proponga las reformas posibles para integrar a los sectores postergados del modelo.

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