El Vaticano, ¿un nuevo Camp David?
Escribe Federico Wals
El histórico encuentro del presidente israelí Shimon Peres con su par palestino Mahmud Abás bajo la atenta mirada del papa Francisco y Bartolomé I, el Patriarca Ecuménico de Constantinopla en los jardines vaticanos, abre un horizonte de esperanza para una región que en las últimas décadas ha sido escenario de violencia y desencuentros.
Aunque no tendrá efectos inmediatos en la vida diaria de palestinos e israelíes, el sólo hecho que hayan aceptado la invitación de Francisco a encontrarse para rezar por la paz es en sí mismo una señal alentadora; cada uno desde su creencia rezó pidiendo por el don de la paz en este camino hacia la unidad como hermanos. Encuentro que también responde al deseo ardiente de cuantos anhelan la paz y sueñan con un mundo donde hombres y mujeres puedan vivir como hermanos y no como adversarios o enemigos
Así como en 1976 el entonces presidente norteamericano Jimmy Carter había iniciado gestiones con los principales líderes de Medio Oriente para impulsar un proceso de paz que pusiera fin a los enfrentamientos fronterizos entre Israel y sus vecinos árabes y la cuestión palestina (los llamados acuerdos de Camp David), Francisco logró algo que era impensable hace solo unos meses: unir a orar juntos por la paz a judíos y palestinos.
Sorprendiendo al mundo una vez más, Francisco demostró que para ser un verdadero líder mundial no es necesaria la fuerza de los ejércitos ni el poder de las sanciones: lo que verdaderamente se necesita es humildad y credibilidad. Como hombre coherente que predicó durante su vida la cultura del encuentro, frente a esta dolorosa realidad no pudo ser menos. En el día de Pentecostés, llamando hermano a Bartolomé mientras le agradecía su participación como “gran don, un valioso apoyo, y testimonio de la senda que, como cristianos, estamos siguiendo hacia la plena unidad”, él mismo se encargó personalmente de cada uno de los gestos. Desde recibir a sus invitados en la puerta de Santa Marta hasta plantar juntos el olivo por la paz.
La gran lección que nos deja el encuentro de ayer puede resumirse en las palabras finales de Francisco: “Se necesita valor para decir sí al encuentro y no al enfrentamiento; sí al diálogo y no a la violencia; sí a la negociación y no a la hostilidad; sí al respeto de los pactos y no a las provocaciones; sí a la sinceridad y no a la doblez”.
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