Historias de la Argentina canibalesca
“un caníbal desdentado.. / enseñando a masticar..
tu negocio es muy difícil de explicar… y facil de enseñar…”
(Es hora de levantarse, querido) Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota
Si alguna enseñanza deja el paso de Isabel y su séquito por el poder en la Argentina, es darle sentido a esa metáfora que explica lo inútil e inservible de comerse a los caníbales para terminar con el canibalismo, y aquella otra de lo inconveniente de crear monstruos tipos Frankestein a quienes después no se los puede parar.
Lo primero que se concibió tras la muerte de Perón y la asunción de Isabelita a la Presidencia fue un proceso de impunidad para los criminales y manipuleos discrecionales a la Justicia para ponerla al servicio del proyecto gubernamental. Después todo se desbarrancó, tal como ocurre en estas circunstancias. Y no sólo hubo Triple A sino también bandas de patotas armadas en los sindicatos tiroteándose contra todo lo que se pusiera en su camino.
El gran “Don Corleone” del sindicalismo argentino fue el líder metalúrgico Lorenzo Mariano Miguel (alias “el loro”). La cintura política de Miguel –un verdadero Soprano del gremialismo setentista- le permitió establecer buenos lazos con Isabel, con López Rega y hasta con los Montoneros. En 1974, “el Loro” decidió congraciarse con Juan Manuel Abal Medina, cuyo hermano Fernando murió en una emboscada policial cuando se lo buscaba por su presunta participación en el secuestro y asesinato del General Pedro Eugenio Aramburu (una saga de la historia argentina que aún sigue en la nebulosa).
Lorenzo Miguel le regaló un auto cero kilómetro a Abal Medina, quien en un acto protocolar fellinesco lo retiró de la sede de la Unión Obrera Metalúrgica, sito en aquellos años en la calle Cangallo (hoy Tte. Gral Perón) y Uruguay. Los autos nuevos eran realmente costosos en aquella época y nadie regalaba nada sin alguna contraprestación.
Los Montoneros comenzaron a corear en sus concentraciones: “Abal Medina… / la sangre de tu hermano es un negocio que camina”. Pero un integrante de la custodia de Lorenzo Miguel, llamado Jorge Hugo Dubchak (alias “el polaquito”), al saber que se encontraba reunido Lorenzo Miguel con Abal Medina, quiso asesinar al feliz agraciado (a quien lo creía Montonero como su hermano) con el regalo del automóvil. Lo tuvieron que contener y llevar a su casa, una humilde casilla en una villa en el sur del Gran Buenos Aires.
Cuando “el Loro” supo del incidente envió una delegación de guardaespaldas encabezadas por “el oso” Fromigué a buscar a Dubchak. Lo trajeron engañado a la sede de la UOM, lo asesinaron a golpes en presencia de todos los asistentes de Lorenzo Miguel, y después lo cremaron en el horno de la panadería metalúrgica. En las actuaciones judiciales por este crimen que impulsó Guillermo Patricio Kelly hasta el diariero de la esquina del sindicato reconoció haber olido fragancias a carne quemada la noche del incidente. La justicia nunca avanzó en la investigación.
Después de ello sucedieron una serie de venganzas entre los hombres de Lorenzo Miguel y la incipiente banda de Anibal Gordon, futuro grupo operativo de la Triple A y de la represión militar luego del golpe de 1976.
Es mas: Se producían “pases” de hombres armados de una fila a otra de los cuerpos de choque, como si fueran jugadores de fútbol que pasan de un club a otro. Del sindicalismo a Bienestar Social y viceversa, y algunos policías hacían “trabajos” en sus días francos (lo que hoy se llaman “adicionales”) como horas extras bien remuneradas.
Juan Domingo Perón había hecho Jefe de Policía a un comisario retirado por antiperonista, Alberto Villar. Cuando Perón lo convocó para poner “la casa en órden” (Alfonsín no tiene el copyright de aquella sentencia que pronunció en Semana Santa), resultó que Villar había sido compañero en la Escuela de Policía de hombres como Almirón, Morales y hasta Lopez Rega (quien se retiró con el grado de sargento el 23 de abril de 1962).
Alberto Villar fue muerto por un comando Montonero que le puso una bomba en su lancha particular y lo hizo volar por los aires a él y su mujer. El buzo táctico montonero que participó de esa acción, trabajó 8 años después para un comando de la Armada Argentina (los mismos que se encargaron en el Proceso de perseguir a los Montoneros) que intentó volar en el estrecho de Gibraltar buques ingleses que se aprestaban a participar en la guerra de las Malvinas. Unos años después, el mismo personaje fue pirata del asfalto y estuvo un tiempo preso por ello.
El último jefe de la CGT del período de Isabel fue el textil Casildo Herreras (cuando cayó el gobierno en 1976 se encontraba en Uruguay y al preguntársele por lo que ocurrìa en la Argentina, Herreras respondió una frase que hizo historia: “Me borrè”). Herreras se jactó de conocer bien a Isabel Martínez de Perón y afirmaba cosas como ésta: “Isabelita no es ingenua, sino una gran actriz. Ella sabe muy bien lo que hace el brujo y su gente”.
Antes del golpe, Casildo Herreras contaba con un jóven chofer y colaborador, muy apto para las peleas fuertes: Luis Barrionuevo (por siempre…Luisito).
Este hombre sentía fobia visceral por los Montoneros y por todo lo que tuviese cierto tinte izquierdista.
Epílogo
A comienzos del proceso democrático -1984- tras el triunfo de Raúl Alfonsín, en el juzgado correccional del Doctor Sabattini y un joven secretario llamado Norberto Oyarbide, se veían relucir en las paredes afiches de tinte nacionalista referidos a la guerra de las Malvinas. Varios de ellos tenían bien remarcada la consigna: “VOLVEREMOS”. Los sectores mas nacionalistas de la Policía Federal trabaron vínculo con el Juez Sabbatini y su secretario, quien luego ascendió a juez y dio innumerables charlas en círculos policiales acerca de “la ley y el órden”. También los viejos oficiales le explicaron de qué se trató la “lucha antisubversiva”, los grupos de tareas en la època de Isabel, la represión en el Proceso y su enfrentamiento ideológico y armado con el ERP y los Montoneros. Oyarbide nunca se inmutó por aquellas referencias ni se le escuchó mencionar el términio “crímenes de lesa humanidad”. Hasta se le relató en una charla cómo fue el acto terrorista con que los Montoneros ejecutaron al Jefe de Policía Alberto Villar. La oficialidad mas antigua de la Policía Federal solía referirse bien a la figura de Isabel Perón, a la que calificaban víctima de un entorno macabro. El juez Oyarbide se congraciaba con las explicaciones de sus interlocutores.
Hoy es el juez que con más empeño lleva causas como la Triple A, la imputación a Isabelita y menciona la imprescriptibilidad de los crímenes de lesa humanidad.
Aquel joven Barrionuevo que tanto vociferaba contra la izquierda peronista hoy es aliado de ella en Catamarca y en la Nación, y los herederos de Lorenzo Miguel son en parte los sostenedores desde el sindicalismo de un proyecto político al que hace 30 y pico de años perseguían a punta de pistola.
Si la Argentina aún no aprendió las consecuencias de comerse a los caníbales para acabar con el canibalismo, va en camino de repetir sus viejos festines macabros.
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