Isabel, Borges y la ceguera argentina
La escena parece extraída de aquel terrorífico afiche
José López Rega llevaba un portafolio lleno de libros sobre una temática esotérica algo extraña, algo alejada del ocultismo tradicional. Tocó el timbre de la residencia no con apetencias políticas sino mas bien comerciales: Quería venderle ejemplares al matrimonio ocupante de aquella mansión. Es sabido que la gente débil de carácter resulta mas sencilla
La vida de “Isabelita” no había sido fácil hasta ese entonces, y el tétrico vendedor de libros parecía
Hoy, en minutouno.com, una introducción a la historia negra
A partir de mañana, relatos oscuros de la historia de una mujer que quiso vengarse de su destino eligiendo a todo un país como mascarón de proa de sus frustraciones individuales.
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Una genialidad de Jorge Luis Borges expresada en los tiempos que gobernaba a la Argentina Isabel Martinez de Perón, recreada recientemente por el escritor Andres Bufali en su libro “Secretos Presidenciales”, refleja de alguna forma el contexto socio politico de entonces que llevó a la esposa de Juan Domingo Perón caudillo a la Jefatura de Estado.
La historia fue asi: Una tarde se encontraba Borges en la esquina de Arenales y Carlos Pellegrini, golpeando el suelo con su bastón a la espera de que algún transeunte le ayudara a cruzar la Avenida 9 de Julio. Tres muchachos militantes de la Juventud Peronista pasaban por las inmediaciones, y uno de ellos le dijo a sus compañeros: “A ese viejo gorila lo cruzo y lo dejo abandonado en medio de la avenida. Ahí que se arregle solo”. Sabido era que la fobia de Borges para con el peronismo (fuera de izquierda, centro o derecha) se retroalimentaba mutuamente.
El joven se acercó al escritor, lo tomó del brazo y comenzó a paso lento el cruce de la avenida. Al llegar al refugio de la 9 de Julio, en medio del caos vehícular y preanunciándole a Borges su intención de abandonarlo a su suerte, le dijo: “¿Sabe una cosa Borges? Tengo que hacerle una confesión: Soy peronista”.
Rápido de reflejos, el escritor descolló con una genialidad que dejó pasmado a su interlocutor: “No se preocupe jovencito, yo también soy ciego”.
Frente a tal respuesta, el muchacho de la Juventud Peronista (quien fue el relator de esta anécdota muchos años después, ya grande, calvo y liberal) se rindió frente a la brillantez del escritor y le cruzó la avenida hasta la vereda de enfrente.
La ceguera a la cual se refería Borges fue precisamente el modus operandi de la clase dirigencial de aquella época, que posibilitó a una mujer de escaso coeficiente intelectual, nula formación política y fácilmente manipulable, llegar a la Presidencia de un país que se debatía entre el odio y la violencia mas demencial que vivió la Argentina en su historia.
Si Eva Perón tuvo una virtud que la convirtió en una personalidad reconocida mundialmente fue haberse consustanciado con la causa de los desposeídos y convertirse en su vocera y protectora. “El amor suple multitud de pecados” escribió el apóstol Pablo en su carta a los Romanos, y los déficits que pudo haber tenido Evita en su formación política los reemplazó con su voluntad de servicio. Isabel Martinez de Perón no tenía ni voluntad de servicio ni una causa que la apasionara. Y demostró en carne y espíritu propio que el carisma y la capacidad conductora de su marido no se absorbe por ósmosis ni se contagia en el candor de la convivencia matrimonial.
Todo eso lo sabían los dirigentes peronistas de entonces, cuando el General Perón lo desestabilizó al Presidente Cámpora para llamar nuevamente a elecciones y ganar con el 63 por ciento del electorado.
Si bien en el sistema institucional argentino el sitial de la vicepresidencia es un puesto mas honorífico que ejecutivo (la famosa descripción de que un vice sólo sirve para tocar la campanilla en el Senado), en el caso de la fórmula Perón-Perón de aquel 1973, era sabido que la salud del anciano líder sufría un deterioro progresivo. Por tanto, el cargo de la sucesión dejaba de ser una situación anecdotaria para convertirse en un puesto clave para la continuidad institucional del sistema democrático.
La ceguera de algunos dirigentes que entornaron a Isabel Martínez de Perón a la vicepresidencia y la sucesión Presidencial, la obsecuencia de otros y el deseo de manipularla de los mas fuertes de su entorno (obvio, con López Rega en la primera línea de los interesados), se encontraron con la incólumne voluntad de Juan Domingo Perón de permitir que esa sinrazón ocurriera.
Las consecuencias de aquella situación parecen volver a repetirse en el escenario político actual, en el cual otra vez la ceguera a la cual se refería Jorge Luis Borges vuelve a posicionar a Isabel Martínez de Perón en la primera plana de las noticias de actualidad y en los entrazados de una política que sigue estancada en asuntos de medio pelo.
A partir de mañana, en minutouno.com algunos relatos oscuros de la historia de la Argentina dirigida por una mujer que quiso vengarse de su destino.
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