Cómo era viajar en colectivo en los '90 en Buenos Aires pagando el boleto con monedas: video viral sorprendente

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En la historia del transporte público de Buenos Aires, una de las características más emblemáticas fue el pago del boleto de colectivo con monedas, una práctica que durante décadas estuvo presente en la vida cotidiana de los porteños. El video viral del debut de la máquina para depositar las monedas.

Durante décadas, pagar el boleto de colectivo en Buenos Aires con monedas fue una rutina diaria para miles de pasajeros, una práctica que, más allá de ser parte del folklore urbano, reflejaba cómo la ciudad se adaptaba a las circunstancias económicas y sociales a lo largo del tiempo.

Este método de pago, que hoy se recuerda por el viral de la cuenta de TikTok @retrostuffargentina80_90 aunque en suena lejano, formaba parte de la rutina diaria de millones de personas que se desplazaban por la ciudad utilizando el transporte público.

El viral del pago con monedas

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Colectivos con monedas en 1994.

El sistema de pago con monedas en los colectivos comenzó a afianzarse en Buenos Aires a partir de la década de 1950, con el auge del transporte urbano en colectivos, que pasaron a ser la opción preferida para los habitantes de la ciudad. En un contexto de crecimiento poblacional y expansión de la infraestructura urbana, el colectivo se convirtió en un medio indispensable para moverse por la capital.

En esos primeros años, el valor del boleto era tan bajo que se pagaba exclusivamente con monedas. Las monedas de 5, 10 y 25 centavos eran las más comunes, y los pasajeros debían llevarlas consigo para poder abonar el boleto al subir al colectivo. Este sistema generaba una dinámica particular en los viajes: los pasajeros, en su mayoría, preparaban las monedas antes de abordar, conscientes de que cualquier retraso por no tener el cambio exacto podría causar molestias en el flujo de pasajeros.

La era de las monedas: costumbres y desafíos

paro colectivos

A lo largo de las décadas siguientes, el pago con monedas se mantuvo vigente, convirtiéndose en una costumbre cotidiana que marcó a varias generaciones. Durante los años 80 y 90, la inflación y la constante devaluación de la moneda nacional hicieron que los valores de los boletos se modificaran con frecuencia, lo que a su vez requería que los usuarios ajustaran sus billetes y monedas de manera constante. La disponibilidad de monedas se convirtió en un tema recurrente entre los pasajeros, quienes, en ocasiones, se veían en la necesidad de buscar cambios en los comercios cercanos antes de abordar.

Además, el proceso de pago con monedas generaba un ritual cotidiano, con la clásica escena del pasajero buscando el cambio exacto en su billetera o monedero antes de subir al colectivo, mientras el chofer esperaba pacientemente para continuar el recorrido. Esta imagen se mantuvo vigente por muchos años, incluso cuando la ciudad comenzó a modernizarse en otros aspectos.

El fin de una era: el surgimiento del sistema SUBE

La transición del pago con monedas a los sistemas de pago electrónicos comenzó lentamente a finales de la década de 2000, cuando el gobierno implementó el sistema de tarjeta magnética, conocido como SUBE (Sistema Único de Boleto Electrónico). Este sistema, lanzado en 2011, permitió a los usuarios de colectivos y otros medios de transporte público pagar sin necesidad de tener monedas.

El objetivo del sistema SUBE era agilizar el proceso de pago y, sobre todo, reducir la cantidad de efectivo que circulaba en los colectivos, mejorando la seguridad tanto para los pasajeros como para los conductores. La tarjeta, que podía ser cargada con dinero en diversas bocas de expendio, permitió eliminar la necesidad de manejar monedas y billetes, y con el tiempo, se convirtió en la forma predominante de pago en todos los medios de transporte público.

Aunque el pago con monedas fue una parte importante de la vida cotidiana de los habitantes de Buenos Aires, el advenimiento de la tecnología permitió que se hiciera obsoleto en el transporte público. El sistema SUBE, con sus múltiples beneficios, se consolidó como la forma más eficiente de pago, y el uso de monedas para el transporte dejó de ser una práctica común.

El legado de las monedas

A pesar de que el pago con monedas ha desaparecido en los colectivos porteños, la memoria de esa época sigue viva en la cultura porteña. Muchos argentinos recuerdan con nostalgia las monedas que pasaban de mano en mano, los conductores que, con paciencia y destreza, daban el vuelto en medio del bullicio de la ciudad. El final de esa costumbre marcó un cambio en la historia del transporte público en Buenos Aires, un cambio que refleja el avance hacia una ciudad más moderna y conectada tecnológicamente.

Hoy, al observar las tarjetas SUBE deslizándose por las terminales electrónicas, pocos recuerdan aquellas monedas que fueron, durante tantos años, la moneda de cambio en el día a día de la ciudad. Sin embargo, el sistema de pago electrónico continúa siendo un claro recordatorio de cómo las soluciones tecnológicas han transformado la vida urbana, haciendo desaparecer costumbres que, aunque antaño comunes, hoy parecen pertenecer a otro tiempo.

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