La lección moral de Immanuel Kant: por qué el filósofo sostenía que premiar o castigar a los niños distorsiona el valor del bien

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Los filósofos analizan la diferencia entre actuar por conveniencia y hacerlo por deber, a partir de los conceptos de Imperativo Hipotético y Categórico.

En cambio, si su comportamiento no es el esperado, el premio se retira o se aplica un castigo. Aunque hoy esta forma de educar parece habitual, hace unos 250 años uno de los filosofos claves fue Immanuel Kant ya reflexionaba sobre sus consecuencias.

Una de las prácticas más extendidas en la crianza y en los primeros años de educación es el refuerzo positivo, una estrategia que busca incentivar determinadas conductas mediante premios. Cuando un chico se comporta bien, puede recibir puntos, algún alimento especial o una recompensa que no obtendría en otras situaciones.

“Si castigas a un niño por ser malo y lo recompensas por ser bueno, hará lo correcto por el bien de la recompensa”, planteó al cuestionar la moral heterónoma. Su mirada invita a pensar si una persona actúa porque considera que algo es justo o simplemente para obtener un beneficio y evitar una sanción, una distinción que sigue presente en los debates sobre crianza y educación entre los filósofos.

Qué planteaba el pensador ilustrado sobre la ética y las recompensas externas

A lo largo de su vida, el filósofo alemán Immanuel Kant dedicó buena parte de sus reflexiones a la moral y la legalidad. Entre sus principales aportes se encuentran dos ideas fundamentales de su pensamiento: el Imperativo Hipotético y el Imperativo Categórico.

El primero plantea una lógica condicionada por los objetivos personales, que puede resumirse en una frase: «Si querés conseguir algo, tenés que hacer algo para lograrlo». En la crianza, esta lógica aparece cuando se utiliza una recompensa para incentivar una conducta.

El Imperativo Categórico, en cambio, propone actuar correctamente sin esperar nada a cambio. Se trata de hacer lo que está bien por convicción y mediante el uso de la razón, sin depender de premios ni castigos.

Desde esta perspectiva, una persona debería cumplir con sus deberes porque reconoce su valor moral, no porque espera obtener un beneficio. De lo contrario, el buen comportamiento podría mantenerse únicamente mientras exista una recompensa que lo justifique.

Para Kant, educar a los chicos a partir de la lógica del Imperativo Hipotético puede llevarlos a priorizar su propia satisfacción y a calcular qué obtienen a cambio de sus acciones, en lugar de desarrollar un criterio moral propio.

Por eso, su propuesta apunta a formar personas capaces de reconocer lo correcto y actuar en consecuencia por decisión propia. El objetivo es despertar la conciencia moral desde una edad temprana, para que hacer el bien no dependa de un premio, sino de la convicción de que es lo que corresponde.

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