La profunda mirada del filósofo argentino sobre la crianza y la paternidad
Este pensador advierte que la crianza se convirtió en un proyecto que reduce el juego y la autonomía.
La profunda mirada del filósofo argentino sobre la crianza y la paternidad.
Santiago Gerchunoff, filósofo y docente en la Universidad Carlos III, acaba de publicar En la era de los niños cosa, un libro que cuestiona la forma contemporánea de criar.
En la obra denuncia que los progenitores convierten a los hijos en proyectos personales. Como él dice: “Tenemos hijos como si fueran cosas que compramos; son proyecciones de lo que uno quiere ser”.
El pensamiento de Santiago Gerchunoff
Gerchunoff observa que la infancia se volvió una agenda medida: colegio, inglés, deberes y actividades extra. Ese modo de optimizar y estimular reemplaza el tiempo de juego y el desorden espontáneo.
“Desde siempre decimos ‘tener’ hijos, como si fueran una propiedad“, escribe Gerchunoff para subrayar cómo la elección personal convirtió a la procreación en un proyecto individual.
Para él, esa lógica provoca una invasión de la vida de los chicos: cuando los padres organizan todo, la existencia del menor pasa a ser el centro del adulto. Se gana atención pero se pierde silencio y soledad necesarios para que el pibe se constituya separado de sus progenitores. El control dificulta la autonomía y el desarrollo propio.
Gerchunoff sostiene que la autonomía nace en la falta de vigilancia: hacen falta espacios sin control adulto donde los chicos se prueben. La tecnología es paradójica: permite el control parental, pero también brinda ámbitos de libertad. “Si los progenitores están ocupados con otra cosa, se puede dar ese espacio de no controlar que tanto necesita el menor”.
El autor critica tanto la crianza hiperprogramada como la permisividad total: ambas creen en una única manera correcta. Evoca a Natalia Ginzburg para recordar que la mejor crianza sucede cuando el adulto tiene una vida propia y una vocación.
Gerchunoff invita a pensar menos y recuperar lo imprevisible: menos planificación, más juego y silencios que permitan la construcción de la identidad.
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