La denuncia es gravísima. Y el denunciado no es un denunciado cualquiera: es uno de los jueces de la Cámara de Casación Penal. El hombre que está en la mira de muchos, incluso del Consejo de la Magistratura, es el doctor Alfredo Barbarosch, integrante de la Sala I de la Cámara.
La acusación es por acoso y maltrato laboral. El camarista ya tuvo tres sanciones del Consejo. A cada acusación de sus pares, se defiende con el mismo argumento: "Me quieren sacar de encima", dijo.
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A tal punto llegó la historia, que varios jueces de la misma Cámara pidieron que se someta a Barbarosch, a una pericia psiquiátrica, lo que no prosperó.
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Una de las denunciantes fue Vanesa Peluffo, secretaria de la Cámara. En al menos cinco oportunidades, habló de hostigamiento, persecución y malostratos. De acuerdo con la denuncia realiazada por Peluffo, a cada presentación, "Barbarosch subió la apuesta con más agresiones".
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Siempre, según el relato de Peluffo, en una audiencia de Cámara por una causa de violencia de género, Barbarosch, no podía participar porque estaba recusado por la fiscalía. "Aunque parezca increíble, a pesar de estar recusado, terminó hostigando a una funcionaria de la fiscalía que estaba presente en la audiencia y lo conminaba a retirarse", sostuvo Peluffo en una de sus presentaciones.
Entre otras denuncias, está la que hizo otro de los secretarios de Cámara que relató cómo Barbarosch lo invitó a pelear y hasta hizo ostentación de la tenencia de un arma de fuego.
En una entrevista que dio al diario Perfil, Barbarosch negó las acusaciones y dijo que lo quieren destituir "porque les molesto".
"Como no me van a odiar si los tengo demandados en lo penal y civil", aclaró. "Yo soy un individuo que para ellos no debería estar porque soy absolutamente inconveniente debido a que no me presto a una sociedad de socorros mutuos que ellos integran", dijo el juez.
"Demandé a ocho de ellos porque en 2007 me pidieron una pericia psiquiátrica que el Consejo rechazó", agregó.
Más allá del descargó de Barbarosch, los denunciantes coinciden que así como están planteadas las cosas, "se hace imposible, trabajar en la Cámara".
El dato no es menor. De esa Cámara dependen ni más, ni menos, los fallos judiciales más importantes de un proceso penal que pueden colocar a un sospechoso, por ejemplo, cerca de un juicio oral, o de una probable condena, o alejado para siempre, de ese destino.
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