Andrés cumple 66 años entre escándalos y su detención: así fue la vida del expríncipe del Reino Unido
Escándalo tras escándalo y relegado de sus títulos, cuáles fueron los peores escándalos del hermano del Rey Carlos III. Un repaso en el día de su cumpleaños y su arresto.
La noticia cayó como una guillotina sobre la mañana británica: el Príncipe Andrés, ex Duque de York, fue arrestado por la policía en Londres. El hecho, que coincide con su cumpleaños número 66, representa el capítulo más oscuro en la historia de la Casa Windsor en las últimas décadas. Para quien alguna vez fue el "hijo mimado" de Isabel II y el octavo en la línea de sucesión al trono, el peso de su pasado —vinculado a la red de trata de Jeffrey Epstein— finalmente quebró los muros de protección de palacio.
De "Principito" de guerra a "soltero de oro"
La historia de Andrés comenzó con el brillo del heroísmo. En 1982, durante la Guerra de Malvinas, el dictador argentino Mario Benjamín Menéndez lo desafió con desdén: “Que traigan al Principito”. Andrés, piloto de helicópteros de la Marina Real, participó en el conflicto protegido por sus superiores, pero regresó a casa convertido en un héroe nacional. Para la Reina Isabel, Andrés representaba la alegría que no pudo disfrutar plenamente con Carlos y Ana; era el hijo al que le contaba cuentos antes de dormir, el que llevaba el apellido compuesto Mountbatten-Windsor como un gesto de amor hacia su esposo, Felipe de Edimburgo.
Tras la guerra, se convirtió en el "soltero de oro". Sin embargo, el título duró poco porque su matrimonio con Sarah Ferguson en 1986 parecía, además, inyectar frescura a la rígida monarquía, pero la felicidad fue breve. Los rumores de infidelidad y su estilo de vida "parrandero" en la Costa Azul le ganaron apodos como "Andresito el cachondo" o "Airmiles Andy", por su desmesurado uso de helicópteros oficiales para fines personales.
La sombra de Virginia Giuffre y el legado póstumo
El verdadero abismo de Andrés no estaba en los campos de batalla, sino en sus amistades peligrosas. Su vinculación con el financista Jeffrey Epstein y su ex pareja, Ghislaine Maxwell, desató un escándalo de escala industrial. El punto de quiebre fue la publicación póstuma de Nobody’s Girl: A memoir of surviving abuse and fighting for justice, el testimonio de Virginia Giuffre, quien se suicidó el pasado 25 de abril a los 41 años.
En su libro, Giuffre narra con una crudeza desgarradora cómo fue entregada al Príncipe cuando apenas tenía 17 años. "Me enseñaron a sonreír mientras me destruían", afirma en un texto que menciona a Andrés 88 veces. Describe encuentros en los que el Duque, consciente de la minoría de edad de la joven, actuó con una prepotencia que ella define como si el abuso fuera "su derecho de nacimiento". La icónica foto de Andrés rodeando la cintura desnuda de Virginia en la casa de Maxwell, que él intentó negar sistemáticamente, se convirtió en la prueba irrefutable de un vínculo que hoy lo lleva al banquillo de los acusados.
Un sistema que ya no puede protegerlo
A lo largo de los años, Andrés acumuló denuncias por gastos extravagantes, amistades con dictadores y un uso abusivo de los fondos públicos. Sin embargo, el escándalo sexual es el que finalmente forzó a la Institución a soltarle la mano, como el mismo Rey Carlos III anunció hace tan solo unos meses. El arresto de esta mañana sugiere que las pruebas presentadas tras la muerte de Giuffre y la desclasificación de nuevos documentos de la "Lista de Epstein" fueron concluyentes. En especial porque se especula que el caso de “mala conducta en un cargo público” que acaba de comenzar tiene que ver con que le brindó "información confidencial" al magnate.
Hoy, el hombre que Isabel II acunó con una sonrisa diferente a la de sus otros hijos, se encuentra solo. Alejado de sus títulos, despojado de sus honores militares y repudiado por gran parte del pueblo británico, el Príncipe Andrés enfrenta el juicio de la historia y de la ley. El octavo en la sucesión al trono pasó de ser el héroe de los páramos de Malvinas a ser el símbolo de una maquinaria de impunidad que, finalmente, parece haberse detenido.
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