Augusto Pinochet: una historia repleta de traiciones
* Tras la muerte de Pinochet hubo en todo Chile actos de duelo y de festejo por igual. * Su historia, plagada de traiciones, es la de un caudillo que dividió el país al que gobernó. *El analista internacional Claudio Fantini resume en exclusiva el devenir de un dictador.
Por Claudio Fantini
Por estos días, al calor de la sensación dominante, muchos dirigentes conservadores hablaron y hablarán del fallecido dictador como si fuese un prócer. Pero la realidad demuestra que hasta la derecha comenzó hace tiempo a despegarse de él.
En el medio, un gobierno para el cual Pinochet es un problema grave y sensible. Entre el debate sobre dar o no funerales de Estado (que sin duda no corresponde), el dictador podría de muerto lograr lo que no consiguió en vida: dañar y dividir la sólida y exitosa alianza entre demócratas cristianos y socialistas que gobierna desde hace más de quince años, logrando democratizar y “despinochetizar” la política, las instituciones y hasta la derecha chilena.
Sin dudas, Pinochet quedará en la historia como el hombre que impulsó un modelo económico de performance exitosa, pero también como el jefe de una dictadura brutal y cruel.
Entre tantas cosas, Augusto Pinochet Ugarte fue un consagrado traidor. Primero traicionó al general Carlos Prats, su amigo y superior en el ejército que lo convirtió en máxima autoridad militar. Las hijas del general lo llamaban “tío Augusto”, sin embargo, primero lo expulsó al exilio y luego envió tras él al sicario que puso dinamita en el chasis de su Fiat 1100, matándolo junto a su esposa en el barrio porteño de Palermo. Antes había traicionado al jefe de la Fuerza Aérea y autor intelectual del golpe contra Allende, dejándolo fuera del régimen y quitándole los guardaespaldas. Y al propio Salvador Allende, quien por recomendación de Prats había confiado en Pinochet, nombrándolo jefe del ejército.
Después vendrían muchas más traiciones. Entre las más notables, la que sufrió el general Manuel Contreras, jefe de la tenebrosa DINA (aparato de inteligencia del régimen), a quien Pinochet hizo cargo de los crímenes cometidos por orden suya, como el asesinato del ex canciller Orlando Letelier y su secretaria Rony Moofyt en Washington, y el atentado al que sobrevivió el líder democristiano Bernardo Leighton en Roma, sin descontar que tal vez la “muerte natural” del ex presidente Frey Montalvo hayan sido en realidad producto de los venenos de Berríos, el químico de la dictadura.
El ex dictador traicionó luego a todos los generales y oficiales que participaron de la “caravana de la muerte”, deslindando toda responsabilidad con aquel raid de crímenes perpetrado bajo su poder absoluto.
Pinochet traicionó su dignidad al lograr liberarse argumentando demencia senil y un sinfín de enfermedades. Pero cerró su saga de traiciones con la revelación de que, durante su larga dictadura, amasó una fortuna ilegalmente.
Las siguientes traiciones tuvieron que ver con su propio honor. Porque cuando la Scotland Yard lo detuvo en Londres por orden del juez andaluz Baltasar Garzón, Pinochet traicionó su dignidad al lograr liberarse argumentando demencia senil y un sinfín de enfermedades. Pero cerró su saga de traiciones con la revelación de que, durante su larga dictadura, amasó una fortuna ilegalmente. Aquellos que aceptaban sus crímenes creyéndolo un hombre convencido, se sintieron traicionados al descubrir que también era un corrupto.
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