Bergara es el "pato de la boda" de una interna policial y política
Los ánimos están caldeados en La Plata a raíz del caso Bergara, y no es para menos. Se confiaba que el pasado fin de semana fuera liberado, pero la continuación del cautiverio pone de manifiesto que la investigación está estancada, no hay pistas firmes del delito y se prevé un escenario descarnado cuando la pista policial, tal como está planteada, se caiga por falta de sustento jurídico. No es que no exista la pista policial, sino algo más grave aún: “La pista policial es más pesada de lo que se piensa, pero va por otros carriles a los que está siguiendo la investigación”, le dijo a minutouno.com un funcionario del Ministerio de Seguridad bonaerense.
Hoy, la suerte del joven empresario está echada a la negociación entre partes, es decir, los familiares y los secuestradores, un regateo económico y de pruebas de vida que enerva a todos, tal como quieren los secuestradores. La postal de los investigadores en total impotencia es la visión que nadie quiere tener en una provincia convulsionada por el delito que no cesa.
Tampoco es consistente la versión que indica que los secuestradores actúan en células y supuestamente no se conocen entre sí. En este tipo de delitos prima la total desconfianza como para suponer que los miembros de una banda se desconocen entre sí. Quizás todos no sepan donde esconden a Bergara, pero difícilmente desconozcan el quién es quién en esta historia.
Desde que se inició la industria del secuestro extorsivo en la Argentina, hace casi cuatro décadas, las megabandas que se dedicaron a este modo delictivo no fueron muchas, y los rescates que cobraban eran siempre cifras multimillonarias.
“La banda de los comisarios” (oficiales de Policía Federal que se desintegró tras el secuestro de Mauricio Macri en 1991), “la banda de Aníbal Gordon” (grupo mixto integrado por delincuentes comunes y agentes de inteligencia), “el grupo Guglielminetti” (agentes de inteligencia militares) y la psicópata familia de Arquímides Puccio fueron los grandes profesionales del rubro y dejaron asentados manuales de instrucción acerca de cómo realizar con éxito el siniestro delito de secuestrar personas y canejarlos por dinero.
Lo que nunca imaginaron estas bandas antiguas era que las internas en las fuerzas de seguridad y en los superiores políticos que las manejan fueran a operar como un hándicap enorme a favor de los delincuentes. Es lo que ocurre ahora y por eso Leonardo Bergara es el pato de la boda de estas internas tenebrosas.
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