El 11 de septiembre: una historia en primera persona
- Jonathan Cabelly envió, desde Estados Unidos, un mail con el relato de su experiencia personal el día del atentado a las Torres Gemelas.
- minutouno.com le da la palabra y lo publica en exclusiva.
"Acá está mi historia sobre el 11 de septimbre. Estoy seguro de que hay mejores que ésta, pero esta es la mía. Lo recuerdo muy bien, y me acuerdo todos los años cuando se acerca la fecha.
Por suerte, tenía que ingresar a trabajar más temprano esa mañana porque debía participar de una conferencia telefónica que se hacía los martes y jueves a las 9:00 (Digo que soy agraciado porque si hubiese estado a la hora que normalmente entro, probablemente no podría estar tipeando este email ahora).
Entré a la oficina y me dirigí directo a la fotocopiadora más cercana porque necesitaba sacar algunas copias para la reunión. Volví a mi escritorio luego de 10 minutos y estaba por bajar a la cafetería cuando uno de mis compañeros vino apurado y dijo: “No vas a creerlo, pero acabo de escuchar que un avión chocó contra el World Trade Center". Yo le respondí: "Bueno, como el día está despejado, deberíamos poder ver sobre Manhattan, vayamos a mirar". La oficina de mi cliente estaba en el quinto piso de un edificio en Brooklyn que tenía una vista directa del bajo Manhattan.
Fuimos a la parte sur del edificio para mirar – y fue ahí que nos llevamos una gran sorpresa. Ambos habíamos imaginado un pequeño avión. Como siempre había aviones turísticos volando cerca de edificios grandes, en el bajo Manhattan, creíamos que eso era lo que había pasado. Pero cuando abrimos la ventana, inmediatamente vimos la Torre Norte con un enorme agujero en el costado y una enorme nube de humo que comenzaba a viajar en el aire – claramente se veía que NO ERA un pequeño avion que hubiese causado ese daño. También recuerdo haber visto una gran cantidad de papeles que aleteaban como en una tormenta de nieve hacia el suelo.
El resto de la mañana fue caótico. Inmediatamente fuimos hacia el lado del piso que estaba más cerca al bajo Manhattan. Recuerdo que más de la mitad de la gente que había ido a trabajar estaba sólo mirando como uno de los íconos de NY echaba humo como una chimenea.
Como no habíamos visto chocar al primer avión y no teníamos acceso a las noticias, sólo nos quedamos mirando perplejos y descreídos sobre como un gran avión pudo haber volado hacia el WTC.
Eran cerca de las 10:05. Recuerdo que escuché a un compañero que dijo: “Oh Dios, hay otro más”. Fue ahí cuando sucedió el hecho más surreal que jamás haya visto. Miré descreído por un momento. Un avión de una línea aérea grande, aparentemente avanzaba y se acercaba lentamente a la Torre Sur y volaba directo hacia el edificio. Parecía que estaba viendo todo el acontecimiento en cámara lenta.
El segundo avión llegó al edificio y en un segundo desapareció. Por un segundo esperamos que apareceria del otro del edificio, o por detrás era un total descreimiento. Un segundo después una gran bola de fuego explotó en la parte opuesta a la Torre Sur.
Recuerdo haber pensado “Tengo que llamar a mi novia" (estábamos por casarnos en seis semanas). Intenté llamar varias veces, pero no pude comunicarme porque las líneas estaban colapsadas. Le dejé un rápido mensaje para avisarle que estaba bien. También llamé a mi familia y a la familia de ella en Pennsylvania para avisarles lo mismo. Luego pensé en mi hermano, ya que el trabajaba en Manhattan. Intenté llamarlo varias veces pero no pude comunicarme.
Lo que pasó luego fue impensable. La Torre Sur colapsó. Recuerdo haber mirado perplejo como uno de esos edificios caía. Y después sucedió lo más inesperado: se derrumbó la Torre Norte.
Fue en este punto que nos organizamos con nuestro equipo de trabajo y nos juntamos fuera en la entrada del edificio. El Gerente de Proyecto decidió que lo mejor sería dividirnos en pequeños grupos de diez para que cada jefe pudiera obtener de cada miembro de equipo la informacion de su cellular y su casa.
Por eso, cada Jefe de Proyecto se hizo responsable de chequear que cada uno llegase a su hogar a salvo. Luego nos separamos y cada uno se fue a su casa.
Lo primero que hice para volver a casa fue ir a un hotel que estaba varias cuadras y donde alquilaban autos. Pero cuando llegué, me di cuenta de que no tenían autos disponibles (y había gente discutiendo para pagar hasta 500 dólares por un auto). Intenté con otras dos o tres agencias del lugar, pero tampoco tenían coches.
En ese momento fue cuando vi la otra imagen surrealista del día: la calle en la que estaba era una arteria directa hacia el Puente de Brooklyn y habíamos oído que todavía estaba abierto para los peatones, pero sólo para salir. Mirando en dirección al puente, vi una multitud moviéndose lentamente (probablemente cientos si no miles de personas), caminando hacia Brooklyn. Todavía recuerdo que nadie hablaba, solamente caminaban penosamente hacia adelante. Se movían como zombies y cada uno de ellos estaba cubierto con una fina capa de polvo blanco como si les hubieran volcado encima una bolsa de harina.
Llegar a casa parecía imposible y volví al edificio de mi oficina, donde me reencontré con mis compañeros. Entonces decidimos que, en vez de tratar de ir al Oeste, íbamos a intentar ir al Este porque el tránsito parecía más liviano. Rápidamente juntamos las piezas de nuestro pequeño rompecabezas y calculamos que si podíamos ir hasta Long Island nuestro jefe –que vivía en Connecticut y tenía una lancha- podría pasar a buscarnos. Entonces eso fue lo que hicimos.
Una vez en la casa de la costa, pudimos ver las noticias por televisión y entendimos cabalmente la dimensión de lo que había sucedido. También pudimos, finalmente, hablar por teléfono con nuestros seres queridos, porque la conversación vía celular era mucho mejor que en los suburbios. Hablé con mi novia u arreglé para que me fuera a buscar a Connecticut.
Finalmente llegué a casa alrededor de las diez de la noche. Sin embargo, el día recién terminó para mí a eso de las dos de la mañana, cuando hablé con el último de mis compañeros y me aseguré de que todos habían llegado sanos y salvos a sus casas.
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