El tirano excéntrico con 42 años de poder

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Fue el líder más longevo de África. Adicto al botox, admiraba al Che y tenía una guardia pretoriana de amazonas vírgenes.

Muamar Kadafi, de 69 años, dictador de Libia durante más de 40 años, además de haber sido el líder más excéntrico y longevo de toda África, fue asesinado este jueves tras ser capturado por miembros de la OTAN.

El ex dictador nació el 7 de junio de 1942 en Sirte, en medio del desierto, entre los Gadafa, una influyente tribu en las esferas de poder.

A los 27 años y ya graduado en derecho e ingresado en el colegio militar, Kadafi lideró la denominada Revolución del 1 de septiembre que derrocó al rey Idris I de Libia y sustituyó a su reino por la República Árabe Libia.

Aunque oficialmente no ocupó ningún cargo público, se le atribuye el título honorífico de “Líder de la Revolución” o “Hermano Líder y Guía de la Revolución”.

En 1970, nacionalizó todas las empresas privadas, incluyendo la tierra, la industria petrolera y los bancos.

Admirador del Che Guevara y del líder egipcio Gamal Abdel Nasser, Kadafi fue un defensor del antinacionalismo. Fue el creador de la Jamahiriya (República de masas) Árabe Libia Popular Socialista, un sistema asambleario que definía como “democracia perfecta”, que enfrentaba al islamismo.

En la década del 80, Estados Unidos intentó derrocarlo en varias oportunidades, como en 1986, cuando se produjo un bombardeo entre el ejército estadounidense a Trípoli, en el que murió la hija del dictador libio, Hana.

Por su parte, Kadafi envió alrededor de tres mil efectivos militares libios en respaldo del dictador ugandés Idi Amin durante la Guerra Uganda-Tanzania, a fines de los 70.

También, Kadafi intervino militarmente al país vecino Chad, ordenó la invasión y anexión de la Franja de Aouzou chadania, debido a sus potenciales depósitos de uranio, y trató de derrocar al entonces presidente Hissène Habré durante la Guerra de los Toyota.

Asimismo, su represión a la disidencia y su relación con actividades terroristas significaron la aprobación de sanciones en 1992 por parte del Consejos de Seguridad de la ONU por negarse a entregar a dos sospechosos del atentado contra un avión que sobrevolaba Escocia en 1988 y en el que murieron 270 personas.

Siete años después entregó a los terroristas, tras la mediación del líder pacifista Nelson Mandela.

A la vez, intentó dar un giro a su política exterior emprendiendo una campaña de promoción internacional para impulsar su aislado mercado.

En 2003, Estados Unidos y Libia iniciaron un acercamiento, tras el anuncio de la renuncia de Kadafi al desarrollo de armas de destrucción masiva, que culminó en el intercambio de embajadores en 2008.

Su adicción al bótox y su excentricismo por llevar una guardia pretoriana de amazonas vírgenes a las cumbres internacionales dividieron a líderes y diplomáticos internacionales.

A comienzos de este año, la represión indiscriminada contra su pueblo con bombardeos y torturas hizo que le dieran la espalda sus seguidores.

Por tal motivo, la comunidad internacional lanzó el 19 de marzo una operación para proteger a los civiles y derrocar al coronel.

Las tropas opositoras lograron dominar gran parte del territorio libio y capturaron la capital el 28 de agosto de 2011, tras lo cual Kadafi huyó a Sirte, estableciendo un gobierno paralelo al del Consejo Nacional de Transición.

Siete meses de guerra civil, con Kadafi prófugo y escondido, dejaron más de 15 mil muertos y un país destruido.

La diferencia del futuro en Libia con respecto a otros países que derribaron décadas de regímenes autoritarios como Túnez y Egipto es la riqueza de los hidrocarburos del territorio que estuvo durante estos 42 años en manos de Kadafi, ya que sus pozos producen diariamente más de un millón y medio de barriles de crudo.

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