Estados Unidos: el increíble ecosistema subacuático que se formó con neumáticos tirados al océano hace 40 años

Mundo

El proyecto ecológico desarrollado en las profundidades de Estados Unidos demuestra la consolidación de habitats marinos biodiversos.

Un proyecto que buscaba un nuevo espacio para la vida marina fue creado en 1978 en Nantucket Sound, frente a las costas de Yarmouth Massachusett, Estados Unidos , terminó años después en un ecosistema de vida acuática increible.

La propuesta estuvo a cargo del Departamento de Recursos Naturales de Yarmouth, con apoyo de la División de Pesca Marina de Massachusetts. Así nació el primer arrecife artificial autorizado de este tipo en el estado, situado a unos 3,5 kilómetros de la desembocadura del río Bass. El área permitida ocupa 127 acres, más de 50 hectáreas.

Los primeros módulos tenían una estructura sencilla: entre tres y cinco neumáticos eran rellenados con hormigón y unidos en grupos para formar unidades pesadas. El objetivo era que permanecieran sobre el fondo y generaran zonas con distintos niveles de relieve, algo que faltaba en aquella parte del océano.

A diferencia de otros proyectos que utilizaron neumáticos sin suficiente sujeción, las unidades de Yarmouth fueron diseñadas para mantenerse estables. Una inspección realizada por buzos décadas después encontró que las estructuras habían sufrido poco desplazamiento y que las zonas con mayor concentración de módulos tenían más peces.

Un experimento submarino iniciado con neumáticos de caucho hace 40 años genera un ecosistema lleno de vida acuática.

Un experimento submarino iniciado con neumáticos de caucho hace 40 años genera un ecosistema lleno de vida acuática.

Un arrecife que terminó convertido en hábitat

Con el paso del tiempo, el arrecife comenzó a cumplir la función para la que había sido creado. Los espacios entre las estructuras ofrecen lugares donde distintas especies pueden refugiarse, alimentarse y desplazarse. Los registros de la División de Pesca Marina incluyen lubina negra, scup, tautog, mejillones azules, calamares, caracoles marinos y langostas, entre otras especies.

Entre los invertebrados observados figuraron langostas, cangrejos, anémonas, almejas y esponjas. El informe describió al sitio como un hábitat útil para la pesca y señaló que llevaba más de tres décadas estable y en funcionamiento.

El arrecife recibió nuevas incorporaciones en 1981, 1995 y 1998. Más tarde, las autoridades volvieron a habilitar el sitio para sumar materiales. Desde 2014 se realizaron 22 intervenciones y se incorporaron más de 17.000 toneladas de materiales procedentes de obras y proyectos públicos.

Sin embargo, el material elegido con el paso de los años cambió. Las autoridades de Massachusetts ya no utilizan neumáticos para ampliar el arrecife. En su lugar recurren a granito, hormigón limpio y otros materiales aprobados, que pueden generar relieve sin recurrir a cubiertas usadas. En 2020, por ejemplo, se incorporaron unas 2.210 yardas cúbicas de nuevos materiales para ampliar el hábitat.

La historia de Yarmouth muestra que un arrecife artificial puede transformar un fondo marino con poco relieve en un espacio utilizado por numerosas especies. Pero también deja una diferencia clave frente a otros experimentos con neumáticos: el éxito del proyecto estuvo ligado a estructuras lastradas, sujetas y sometidas a controles.

Por eso, la experiencia no significa que arrojar neumáticos al océano sea una solución ambiental, sino que muestra cómo determinadas estructuras artificiales, cuando son planificadas y monitoreadas, pueden generar nuevos hábitats marinos.

Dejá tu comentario