"Es una insidia reducir al hombre al consumo"
El Sumo Pontífice advirtió durante su encuentro con representantes de otras Iglesias sobre la "violencia que causó en la historia el intento de cancelar a Dios de la sociedad" y manifestó su voluntad de "proseguir con el diálogo ecuménico".
El papa Francisco afirmó este miércoles que una de las
"insidias más peligrosas de nuestro tiempo" es pensar que el hombre
no tiene necesidad de Dios y reducirlo "a aquello que produce y a lo que
consume".
El pontífice hizo esas manifestaciones en el discurso que dirigió a los
representantes de las Iglesias y comunidades eclesiales cristianas y de otras
religiones que el martes asistieron a la solemne misa con la que se abrió su
pontificado.
"Todos tenemos que hacer mucho por los más pobres, los débiles y los que
sufren, para favorecer la justicia y promover la reconciliación y construir la
paz. Pero, sobre todo, tenemos que tener viva en el mundo la sed del Absoluto,
no permitiendo que prevalga una visión que reduce al hombre a aquello que
produce y a lo que consume. Es una de las insidias más peligrosas de nuestro
tiempo", afirmó el Papa.
Además, el obispo de Roma agregó que "todos sabemos cuánta violencia causó
en la historia reciente el intento de cancelar a Dios de la sociedad".
Francisco dijo también que en este mundo de divisiones y
rivalidades, las religiones tienen que estar cercanas a los hombres y mujeres
que buscan la verdad, la bondad y la belleza, "que es verdad, bondad y
belleza de Dios".
Acogido con un gran aplauso cuando entró en la sala Clementina, del palacio
Apostólico, el Papa
se comprometió ante los representantes de las otras Iglesias y comunidades
eclesiales cristianas a proseguir el diálogo ecuménico en aras de la unidad.
"Deseo asegurar mi firme voluntad de proseguir con el diálogo ecuménico",
afirmó el Papa,
que en la misma línea que los anteriores pontífices insistió en la urgencia de
que todos los cristianos sean "una misma cosa" (Ut unum sint) y en
poder testimoniar de manera "libre, alegre y valiente" el Evangelio.
"Será nuestro mejor servicio en un mundo de divisiones y
rivalidades", precisó el Papa, que una vez más exhortó a
custodiar la naturaleza.
A la audiencia también asistieron representantes judíos, a los que el Sumo
Pontífice expresó su deseo de proseguir "de manera fraternal" el provechoso
diálogo que el Concilio Vaticano II auspiciaba y que se llevó adelante dando
muchos frutos".
También expresó su estima a los musulmanes, destacó que rezan también a un Dios
único y dijo que su presencia en el acto era una señal de la voluntad de
potenciar la cooperación por el bien común de la humanidad.
En nombre de los asistentes habló el patriarca ecuménico de Constantinopla,
Bartolomé I, quien dijo que la primera preocupación de los cristianos tiene que
ser la unidad, para poder dar un testimonio creíble.
Subrayó la importancia de proseguir el diálogo religioso y de que todas las
iglesias y comunidades eclesiales actúen de manera "interactiva" para
ayudar a los hombres en esta época de crisis.
Resaltó el trabajo realizado por al anterior papa Benedicto XVI en aras de la
unidad de los cristianos y su "valentía" para renunciar al
pontificado por motivos de salud y cansancio.
Destacó del papa
Francisco su "sencillez" y su deseo que ir a lo esencial y abogó por
que el hombre vuelva a la caridad y abandone la vida mundana.
A la audiencia asistieron, además del patriarca ortodoxo Bartolomé I, el
metropolita Hilarion de la Iglesia Ortodoxa Rusa y representantes de la
Comunión Anglicana e Iglesias protestantes. También asistió el rabino jefe de
Roma, Riccardo Di Segni.
La unidad de los cristianos se rompió por vez primera tras el concilio de
Efeso, en el año 431, cuando se separó la Iglesia persa.
Tras el concilio de Calcedonia, en el año 451, se separaron las Iglesias copta,
siria, etíope y armenia, que habían abrazado la tesis del monofisismo, según la
cual Cristo sólo tenía una naturaleza, la divina, y era hombre sólo en
apariencia.
El Concilio de Calcedonia condenó el monofisismo y definió la doble naturaleza
de Cristo, humana y divina, unidas sustancialmente en una sola persona divina
En 1054 se produjo el gran cisma cuando se separaron las Iglesias de Oriente y
Occidente.
La última gran separación se produjo en 1517 con la reforma protestante de
Lutero.
A las dos grandes Iglesias las separan razones teológicas, como el rechazo de
los ortodoxos al primado de Roma.
En noviembre de 2007, las Iglesias ortodoxas reconocieron al obispo de Roma
como "primer patriarca", aunque siguen discrepando con los católicos
sobre la interpretación de sus prerrogativas, según un documento conjunto
aprobado por la Comisión Mixta para el Diálogo Teológico entre Católicos y
Ortodoxos.
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