La NASA recuerda tres accidentes con raras relaciones entre sí
*Se trata de las misiones espaciales Apollo 1, Challenger, y Columbia.
Challenger_1986
Por Télam
Mañana será el primero de los tres días en el que se recuerdan los aniversarios de tres acontecimientos espaciales fatales que, incluso, poseen relaciones entre sí: las tragedias del Apollo 1, en 1967; la del Challenger, en 1986 y del Columbia, en 2003.
La última tragedia que se recuerda fue la del Columbia, cuando sus siete tripulantes se desintegraron con el trasbordador, al reingresar a la atmósfera, el 1 de febrero de 2003. La muerte de estos 17 tripulantes despertó la curiosidad y suspicacia de muchos por las relaciones que existieron entre ellas.
En referencia al Challenger, el comandante del Columbia sostuvo emocionado el 28 de enero de 2003: “Hicieron el máximo sacrificio al dar sus vidas por su país y toda la humanidad". Cuatro días más tarde, por una extraña ironía del destino, el y su tripulación se desintegrarían por completo.
Otro dato cierra el círculo fatídico: el día anterior, 27 de enero, se había cumplido otro aniversario de la muerte, en 1967, de los astronautas Virgil Grissom, Edward White y Roger Chaffee, en la Apollo 1, como consecuencia de un súbito incendio antes del lanzamiento. De ese homenaje, Husband no se acordó.
Las tragedias del Columbia y el Challenger, separadas por 17 años y cuatro días, compartieron similitudes: en ambas naves había mujeres y civiles. Además, las vieron en directo millones de personas, en un caso, porque los restos cayeron sobre tres Estados; en el otro, porque se la transmitió en vivo por TV.
La desintegración del Columbia tuvo lugar al reingresar a la atmósfera, cuando faltaban 16 minutos para el aterrizaje, a consecuencia de un desperfecto ocurrido 15 días antes, durante el lanzamiento, y que fue minimizado por la Nasa.
La nave había recibido el 16 de enero el impacto de un trozo de poliuretano que se desprendió del fuselaje y que -aunque no medía más de dos baldosas ni pesaba más de un kilo- al golpear a unos 800 kilómetros por hora, ejerció la fuerza de una tonelada.
El último viaje del Columbia estaba dedicado a la ciencia y su objetivo era realizar investigaciones diseñadas por 70 científicos de Estados Unidos, Australia, China, Alemania, Israel, Japón y Canadá, además de la propia Nasa.
La misión del Challenger, en cambio, era la de poner en órbita un satélite de comunicaciones e imponer la idea de que viajar al espacio era seguro para cualquiera.
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