Los 50 años en el poder de Fidel Castro: de los jesuitas al comunismo
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Por EFE
Tuvo una larga lista de cargos: entre otros, presidente del Gobierno, de los Consejos de Estado y de Ministros, Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas y primer secretario del Partido Comunista de Cuba.
Ni Estados Unidos, su principal obsesión, ni sus enemigos internos, ni siquiera la caída del bloque soviético hace casi tres décadas, pudieron apartarle del poder durante más de 47 años.
Fue una grave enfermedad la que le obligó a delegar funciones en su hermano menor y segundo hombre del régimen, Raúl, el 31 de julio de 2006.
Arropado por un eficaz aparato de seguridad, Castro tejió una red de organizaciones de masas para vertebrar la sociedad cubana y mantener su modelo durante décadas.
Algunas de sus fórmulas habían sido probadas en otros países comunistas, pero otras fueron inventos genuinamente cubanos, como los Comités de Defensa de la Revolución -los "ojos y oídos" del régimen-, creados en la década de 1960 para vigilar los movimientos de los ciudadanos en cada vecindario.
Pero, más allá de esta compleja estructura, defensores y detractores coinciden en que su carisma y su habilidad política para transformar los fracasos en victorias fueron decisivos para la longevidad del sistema.
Fidel, el joven abogado que se enfrentó a Batista en una guerra desigual (1956-1959), supo aprovechar el profundo descontento social generado por aquella dictadura y ganarse el apoyo popular.
País con muchas asignaturas pendientes y muy corta historia como Estado libre tras la independencia de España en 1898, Cuba encontró en Castro un caudillo que parecía capaz de darle una identidad, acabar con las desigualdades históricas y abrir la puerta del futuro.
Miles de cubanos le apoyaron desde el desembarco del yate "Granma" en 1956, celebraron su triunfo el 1 de enero 1959 y se entregaron incondicionalmente al proyecto revolucionario.
"Fifo", "Caballo", "Jefe", "Comandante", "Líder Máximo", son sólo algunos de los nombres con los que se le conoce en Cuba.
Castro introdujo en la isla reformas sociales, educativas y sanitarias sin comparación en América Latina en la época y colocó a Cuba en la agenda internacional, mientras se afianzaba en el poder.
En vísperas de su rotunda victoria en Bahía de Cochinos, en 1961, declaró "socialista" la revolución y abrazó a la ahora desaparecida URSS para asegurar la subsistencia económica del país, mientras crecía su enfrentamiento con Washington.
El enfrentamiento con Washington y las campañas en Africa y Centroamérica distrajeron de los problemas cotidianos a los cubanos, que un día se despertaron con un país colapsado tras la caída del bloque soviético y sumergido en el llamado "periodo especial", una economía de guerra en tiempos de paz que forzó a Castro a abrirse al turismo y al dólar.
A principios del siglo XXI, cuando parecía hundido y obligado a profundizar la apertura, encontró en el presidente venezolano, Hugo Chávez, un alumno aventajado dispuesto a utilizar su petróleo para ayudarle.





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