Los últimos años de Érika Ortiz
*La vida de la hermana de Letizia Ortiz estuvo rodeada de misterio, mentiras y conflictos familiares.
*Hasta se llegó a oscurecer el verdadero estado civil de Erika.
*La ruptura con su pareja también fue ocultada para dejar a salvo las apariencias y la relación con la realeza y su propia familia.
Erika Ortiz, la hermana menor de la Princesa de Asturias, era licenciada en Bellas Artes y actualmente trabajaba en la productora Globomedia. El último año no había sido muy bueno para ella. A los 31 años, se separó en 2006 del escultor Antonio Vigo, con el que tenía una niña de seis años, Carla.
Según se publicó entonces, Erika Ortiz y Antonio Vigo entraron en una crisis definitiva después de que el artista se marchase a Uruguay en un proyecto de trabajo que iba a durar un año.
Tiempos difíciles
En 1999, Érika quedó embarazada al regresar de un viaje de estudios en Alemania, experiencia que realizó manteniendo su romance con Vigo a distancia. En ese momento vivía con su madre en Moratalaz.
El nacimiento de la pequeña Carla que llega al mundo con dos meses de antelación –nació por cesárea en un hospital de Madrid en el verano del año 2000- obliga a la familia Ortiz Rocasolano a cambiar sus planes de verano, y a que Paloma, de vacaciones en Tenerife con su hija Telma, regresara a Madrid de inmediato para estar junto a la más pequeña, según publica hola.com.
Erika, que pasa entonces por la dolorosa experiencia de tener que separarse de su hija recién nacida durante las dos o tres semanas que ésta pasa en una incubadora para ganar peso, recibe en todo momento el cariño y el apoyo de los suyos.
Son tiempos difíciles para esta pareja que no termina de encontrar trabajo. Por ello, y aún no habiendo cumplido Carla su primer año de vida, Erika y Antonio, toman la determinación de trasladarse a Oviedo a la búsqueda de una mejor oportunidad. Cristina Ortiz, madrina de la Princesa de Asturias - fallecería poco tiempo después de una terrible enfermedad- les brinda su casa y es entonces cuando deciden dar el paso definitivo.
La pareja, que tiene intención de instalarse definitivamente en el Principado de Asturias, pide una subvención al Gobierno autónomo –nunca llegarían a cobrarla-; y compran una casa para rehabilitar en un pueblecito de ambiente rural a orillas del río Sella. La adquisición resulta ser un mal negocio y la casa, literalmente hablando, se les viene abajo.
Aunque Antonio trabajaba en una cantera en Les Roces (Cangas de Onis) donde talla piedra por pedidos; y reciben ayuda incondicional de la abuela Menchu Álvarez, la calidad de vida de la pequeña familia empeora por momentos. Por ello, y sin perder la ilusión, Antonio y Erika deciden volver a Madrid para probar suerte de nuevo en la capital. Sin trabajo y sin dinero, se instalan en la casa de Paloma Rocasolano donde vivirán durante algún tiempo hasta que encuentran un apartamento.
Erika vende libros a domicilio para la editorial que acabaría dándole un puesto fijo y de responsabilidad. Fuerte y luchadora mantiene la ilusión de prosperar con su familia y aprovecha los pocos ratos libres para esculpir y pintar en una de las pequeñas habitaciones que tiene su casa.
Cuadros que a día de hoy disfrutan y han recibido con motivo de alguna celebración su madre, sus abuelos y la princesa de Asturias. Al mismo tiempo, Antonio consigue una sustitución en el Ayuntamiento de Madrid y pasa a formar parte del equipo de limpieza del servicio nocturno de la ciudad.
El joven artista, que no regatea esfuerzos a la hora de sacar a los suyos adelante, no oculta que su origen es humilde –su padre perteneció al personal laboral de la Complutense de Madrid y su madre es ama de casa- y lleva con orgullo la condición de pertenecer a una familia honesta y trabajadora a la que todos aprecian en el barrio donde creció: “Antonio es un bohemio, pero vale mucho y es un gran artista”.
Confusión sobre su estado civil
Corren los últimos meses del año 2003 y salta la noticia del compromiso de los Príncipes de Asturias. Los periódicos y las revistas nacionales llevan a sus páginas el quién es quién de la familia dando por hecho que la hermana de doña Letizia y el escultor están casados.
El estatus civil de la pareja no llama especialmente la atención en un momento en el que todos los objetivos están centrados en conocer a fondo la existencia de una periodista llamada a ser princesa de Asturias.
Entre la familia se comenta el tema, e incluso se plantea la posibilidad de hacer saber que no han contraído matrimonio. Finalmente, y sin dar explicación alguna sobre su estado civil, deciden pasar por alto una información que los medios de comunicación han dado por buena.
Letizia abandona el barrio donde reside y se instala en el Palacio de La Zarzuela junto a los Reyes de España. Erika y Antonio se trasladan entonces a la casa que ésta se había comprado en Valdebernardo. Un piso de dos habitaciones con jardín y piscina en el que intentan empezar una nueva vida.
El distanciamiento
Después de unos duros comienzos y de una vida en común no exenta de dificultades, los sueños empiezan a cobrar forma. Erika consigue trabajo en la editorial Franco María Ricci (FMR) -editora de la revista Arte- donde ejerció como directora de comunicación en España. Y Antonio da clases de dibujo en un Instituto de la Comunidad de Madrid, de las Rozas.
El escultor, que comenzó a formarse académicamente muy temprano en la Escuela de Artes y Oficios de Madrid, compagina su trabajo como profesor interino con su verdadera vocación y oficio: tallar la piedra. Las buenas noticias se suceden y a Antonio, que ha ejercido en los últimos años diferentes trabajos para financiar su labor artística, se le presenta una nueva gran oportunidad laboral.
El artista no la desaprovecha y firma un contrato de trabajo con una empresa privada de Cooperación Internacional que lo mantiene durante más de un año viviendo en Uruguay. El país al que Erika pensó trasladarse para estar cerca del padre de su hija y para recuperar, en la medida de lo posible, su vida anónima pero al que, finalmente, sólo acabaría yendo de visita intuyendo quizá que no era ésta la solución a la hora de apostar por una nueva vida.
Los largos meses que Antonio pasó trabajando en el exterior no ayudaron a que la pareja solventara sus posibles diferencias. De hecho, podrían haber tomado la decisión de seguir caminos diferentes, después de haber vuelto a compartir su vida durante algunos meses en Madrid.
Una nueva vida
En la actualidad, -desde el pasado verano-, la hermana menor de la Princesa de Asturias era diseñadora gráfica de “Globomedia”, la productora que preside Emilio Aragón, y formaba parte del equipo encargado de diseñar decorados, escenografías y cabeceras de algunos de los programas que la productora –con doce años de existencia- realiza principalmente para los canales privados de televisión.
Una noticia que trascendió a la opinión pública cuando, la misma semana en la que nacía la Infanta Leonor, Erika se encontraba preparando en secreto su debut como escenógrafa y presentando sus decorados para la obra “Blancanieves”, cuya dirección y producción corrió a cargo de la empresa en la que trabaja. Una gran cita a la que acudirían como sus invitados de honor el príncipe Felipe y su madre Paloma Rocasolano.
Antonio, de 34 años (nació en 1972 en Madrid), había regresado al barrio donde residen sus padres (Aluche) e intentaba hacer su vida manteniéndose al margen de las últimas noticias. “Con todos los respetos no voy a entrar en detalles de mi vida privada. No voy a participar en informaciones falsas y mucho menos hablar de los demás” dijo entonces.





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