La ex becaria de la Casa Blanca participó del escándalo sexual que en 1998 sacudió la gestión del entonces mandatario de los Estados Unidos, y su vida cambió para siempre.
"Es hora de quemar ese sombrerito negro y de enterrar el vestido azul", expresó Lewinsky, de 40 años, en referencia al atuendo que la popularizó a finales de los noventas. La morocha compartió con la revista Vanity Fair un adelanto de su primer libro acerca del affaire que la convirtió en la primera dama de la trampa.
"Realmente me arrepiento de lo que pasó con el presidente Bill Clinton", expresó Lewinsky, quien probó varias técnicas para rehacer su vida tras el escándalo, desde cambiarse el nombre hasta pasar por el quirófano o irse a estudiar psicología social a Londres para poner distancia entre los medios y ella.
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"Me mantuve tan en silencio que se llegó a decir que los Clinton me habían pagado para que me callara. De otro modo, ¿por qué no aprovecharía para hablar? Pero puedo asegurar que eso nunca ocurrió", señaló la ex becaria de la Casa Blanca.
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"Sí es verdad que mi jefe se aprovechó de mí, pero siempre me mantendré firme en este punto: fue una relación consensuada. Cualquier forma de abuso vino después, cuando me convirtieron en un chivo expiatorio para proteger su posición de poder", explicó Lewinsky.
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Lewinsky aseguró que los fiscales de la causa y el equipo de relaciones públicas de la Casa Blanca la hicieron blando fácil para la prensa sensacionalista. "Gracias al sitio Drudge Report, es probable que me haya convertido en la primera persona en sufrir una humillación a nivel globarl gracias a Internet", agregó.
Toda la experiencia le trajo problemas a largo plazo a Lewinsky, quien tiene en su haber un currículum laboral accidentado debido a sus malas experiencias en entrevistas de trabajo. "He rechazado ofertas por las que me hubiesen pagado más de 10 millones de dólares sólo porque no eran adecuadas", señaló.
La ex becaria de la Casa Blanca explicó que muchas veces sus potenciales empleadores se referían a su "historia" como algo que los desalentaba a la hora de contratarla, mientras que otros visionarios estaban dispuestos a tomarla "justamente para que fuera a sus eventos, donde estaría la prensa".
Con el paso del tiempo, Lewinsky resolvió hacer de su experiencia un ejemplo de autosuperación. "Quizás al contar mi historia podría ayudar a otras personas a sobrevivir el peor momento de humillación de sus vidas", señaló.
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