¿Por qué Josef F. decidió liberar del cautiverio a 3 de sus hijos?
* Mirá la galería de imágenes del sótano donde Elisabeth y sus hijos estuvieron encerrados 24 años.
El ingeniero austríaco Josef Fritzl, de 73 años y tristemente famoso desde el domingo pasado por el encierro y la violación de su propia hija, Elisabeth, durante casi un cuarto de siglo, fue descrito como “un hombre elegante que solía coquetear con las mujeres, pero a la vez era autoritario y escondía un vicio perverso”.
Además, afirman que gobernaba "como un teniente general" en su casa, era muy celoso de su privacidad.
"No dejaba que su mujer Rosmarie hablara mucho tiempo con la gente, siempre insistía en que los miembros de su familia permanecieran en casa", recuerda una anciana vecina que durante años vivió en el edificio contiguo.
"Siempre nos llamó la atención que Fritzl trabajaba hasta altas horas de la noche en el jardín, pero nunca nos podíamos imaginar qué es lo que en realidad estaba haciendo", agrega Karina, una joven que vive en la misma calle.
La chica conoce desde hace años a Lisa, una de las hijas-nietas de Fritzl, que vivía en la casa y a la que describe como "muy tranquila y simpática".
Pero, ¿qué llevaba a que el “carcelero de Amstetten” eligiera a tres de sus seis hijos para adoptarlos junto a su esposa y darles una vida de relativa normalidad?
Aparentemente para mantener el secreto, Josef Fritzl se llevaba a los chicos que más lloraban, mientras que el destino de los tres niños más tranquilos fue permanecer con su madre en el sótano, sin ver la luz natural hasta ser liberados el sábado pasado.
Así lo afirmó Leopold Etz, inspector jefe de la Oficina regional contra el Crimen de Baja Austria. Fritzl había subido del calabozo a tres bebés de pocos meses de edad en los años 1993, 1994 y 1997, alegando ante su familia que la hija, supuestamente desaparecida en una secta, los había depositado delante de la puerta de su casa.
Estos niños crecieron en la casa familiar como si fueran nietos y luego fueron adoptados por Fritzl y su esposa Rosmarie.
Y mientras que los tres menores disfrutaron de una educación ejemplar, incluyendo instrucción musical y deportiva, los otros tres hermanos malvivieron en el calabozo de unos 60 metros cuadrados y 1,70 metros de altura.
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