Un pueblo en Filipinas era blanco de las enormes boas y pitones asiáticas de casi 10 metros de largo. La razón.
VivorotasABC.es
Los científicos de la Universidad de Cornell, en Nueva York, estudiaron durante años a una tribu de las Filipinas que seguía costumbres prehistóricas y llegaron a la conclusión de que casi se extinguen por endiosar y respetar a las boas y pitones de la zona, serpientes de entre 5 y 10 metros de largo capaces de comer a un hombre adulto.
Según un estudio publicado por la revista de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos, Proceedings, la tribu de los Agta Negritos conserva sus constumbres desde hace miles de años, por lo que sería una muestra actual de cómo interactuaban los hombres primitivos con las serpientes en la selva de las Filipinas, según el sitio español ABC.
Al parecer, tanto los humanos como los reptiles eran cazadores y presas. En una lucha por la supervivencia del más fuerte, podía ser que los hombres comieran ejemplares de boas constrictoras de más de seis metros de largo, o que una pitón se tragara a un habitante de un sólo bocado. Temidas y veneradas, las serpientes son protagonistas de muchas leyendas y supersticiones en muchos rincones del mundo, y ese duelo desafío a muerte podría ser su origen.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Uno de los autores del artículo, el profesor Thomas N. Headland, aseguró que en 1962 un hombre adulto de la tribu Agta pesaba alrededor de 44 kilos, una nimiedad comparado con los 75 que podía llegar a pesar una pitón reticulada hembra, que puede medir unos 10 metros de largo.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Los machos de las pitones reticuladas pueden medir 5 metros y pesar unos 20 kilos, y tal parece que se convirtieron en sendas presas de los habitantes de Casiguran, una localidad en la Sierra Madre de la provincia de Aurora, en Luzon. Se registraron seis ataques fatales de serpientes a humanos entre 1934 y 1973 y se calculó que el 26 por ciento de los hombres de los Agta fueron atacados alguna vez por una pitón.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Pero el pueblo de los Agta sí modificó sus costumbres en un punto fundamental: para 1990 se volvió sedentario en vez de nómade y cambió su tradición de recolectores y cazadores por una vida más asentada. Por eso, su mayor preocupación hoy en día no son las sepientes, sino la falta de comida y de oportunidades de subsistencia en su nuevo ambiente.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Dejá tu comentario