Seis de cada 10 vuelos fueron atrasados o cancelados ayer en Brasil, mientras miles de pasajeros permanecen retenidos en los aeropuertos del país y hasta el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que cambió al ministro de Defensa, admitió que siente miedo de viajar en avión.
Infraero, la empresa estatal que administra los aeropuertos, informó que hasta la tarde de ayer 420 de los 1.127 vuelos programados en la jornada (32,7%) se atrasaron más de una hora debido a la crisis que afecta al sector. Otros 253 vuelos (22,4%) fueron cancelados y entrada la noche al menos 72 no tenían ninguna previsión de despegue.
La congestión en los aeropuertos se siente con mayor fuerza en las grandes metrópolis, como Sao Paulo, Río de Janeiro y Brasilia.
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La crisis y la lluvia atrasaron el 80% de los vuelos en Congonhas, que hasta la semana pasada era el aeropuerto más saturado del país, con 630 vuelos diarios.
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Desde el accidente permanece cerrada la principal pista de ese aeropuerto, lo que genera retrasos que se propagan como en efecto dominó por toda la red nacional de terminales.
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En medio de presiones del público, la prensa y la oposición, tras el accidente de un Airbus A320 de TAM que el 17 de este mes dejó 200 muertos en Sao Paulo, Lula destituyó al ministro de Defensa, Waldir Pires y nombró en su lugar al jurista Nelson Jobim. La aviación comercial brasileña es responsabilidad del Ministerio de Defensa, que la controla por medio de la Fuerza Aérea.
En el acto de investidura de Jobim, Lula reconoció que tiene "miedo de andar en avión" y que cada vez que le toca hacerlo entrega su "suerte a Dios".
En la misma jornada, otro Airbus de TAM que viajaba de Salvador (noreste) a Curitiba (sur) perdió un pedazo de turbina en pleno vuelo, lo que obligó al piloto a quemar combustible y ejecutar "un aterrizaje no programado" en la ciudad de Londrina (sur), a 400 kilómetros de su destino.
Mientras tanto, en una candente interpelación en la Cámara de Diputados, el presidente de la Agencia Nacional de Aviación Civil, (ANAC), Milton Zuannazzi, afirmó que la seguridad de Congonhas está dentro de los patrones internacionales y que en Brasil operan otros terminales "en condiciones menores de seguridad".
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