¿Suicida u homicida?
El fatídico vuelo del Air Bus 320 de Germanwings, que realizó su último viaje desde Barcelona a Düssendorf, nos ha conmocionado y puesto a hablar y pensar en lo que realmente sucedió.
¿Una persona deprimida mata junto con ella a 150 personas? ¿Debía saber Lufthansa que en el co- piloto Andreas Lubitz existía riesgo para la seguridad de sus vuelos? ¿Hubiera sido posible prevenir el dramático desenlace humano y financiero devenido tras el impacto deliberado contra el macizo montañoso de Trois Evêques, a más de 700 kilómetros por hora?
Una persona típicamente deprimida, según los vademécums, estadísticas y desde la comprensión teórica de esta psicopatología, "introyecta" sobre sí mismo bajo la forma de auto reproches, remordimientos, experiencia de culpa, fracaso y déficit de autoestima, una vivencia del mundo dañado, en ruinas y sombrío. La tristeza, el humor pesimista y a menudo la falta de energía e iniciativa son características del cuadro. Dentro de las causas de suicidio, la depresión grave asume un porcentaje considerable, aunque no es ésta la única condición del potencial suicida.
Cuando un suicida, a su vez se trasforma en homicida y vuelca su frustración y agresión ya no sólo contra sí mismo sino contra todas la personas que lo acompañan, ¿sigue siendo sólo suicida?
¿Cómo podemos concebir, que Andreas Lubitz, junto con él asesinara a 150 personas? Su ex novia María W. una azafata de 26 años, nos da la clave. El sábado 28 de marzo el diario alemán Biz reveló que: Andreas había declarado que "haría algo que cambiaría todo el sistema" y que "todo el mundo conocería su nombre", objetivo que, efectivamente, logró.
Podemos, entonces introducir una hipótesis, que Andreas, lejos de contar con una autoestima disminuída, consideró de modo grandioso y vengativo el padecimiento que a él le sucedía y deseó que no permaneciera desapercibido como si él fuera una persona común. Y que para lograr ese "reconocimiento", esa "notoriedad", la ausencia del piloto, le ofrecía la oportunidad de acabar no sólo consigo mismo sino también con la vida de muchas personas y también del avión, de la compañía que lo había contratado, Lufthansa, que pondría fríamente fin a su carrera de piloto, convirtiéndolo en un fracasado desechable, a causa de su problema ocular o de su tormento psicológico bajo la forma de las depresiones graves que lo tuvieron 18 meses previamente fuera de la escuela de pilotaje.
Entonces, intención indudable: "no solamente yo, sino todos" asegurarían notoriedad y el daño, el merecido castigo a la compañía: "A través de los juicios millonarios que debería afrontar, la pérdida no sólo de la máquina sino del buen concepto obtenido por una compañía que tradicionalmente respeta todas las reglamentaciones y controles exigidos".
Tampoco pensamos que el "crimen" de Andréas nació de una mente lúcida. No, su mente estaba muy y largamente perturbada, enorme irritabilidad y" cada vez era más evidente que tenía un problema, cada noche se despertaba y gritaba "nos caemos", comunicó su ex novia.
Sostenemos que sí, que, sin embargo, hubiera sido posible prevenir el dramático desenlace humano. ¿Cómo? Mediante evaluaciones psicodiagnósticas comprehensivas y especializadas.
En el plano de los supuestos, es permisible pensar que no sólo, el psiquiatra a cargo emitió un diagnóstico o recomendación que nunca llegó al equipo técnico, y que Andréas omitió información ante los exámenes psiquiátricos y psicológicos que de rutina se practican a los pilotos. Pero que tampoco se realizó de su personalidad una evaluación profunda, que abarcara respuestas que no son manipulables a través de la voluntad, la reflexión y la razón, respuestas que se contestan según la "deseabilidad social", sin incorporar, posiblemente, otras técnicas de exploración psicológica, como por ejemplo, la Técnica Rorschach, que en manos de un experto captura los funcionamientos psicológicos profundos de una personalidad.
En la revista Mundial de Psiquiatría (World Psychiatry, Volume 12, Number 1) publicada en febrero de 2013, Josef Parnas de la Universidad de Copenhagen, Dinamarca, elaboró un esclarecedor artículo titulado "Lecciones que los psiquiatras forenses pueden obtener" cuestionando los sistemas de diagnóstico descriptivos de los Manuales en uso. También allí se realizan evaluaciones con cuestionarios y entrevistas estructuradas. Fue en relación con el conocido "caso Breivik", en el cual en el lapso de 9 meses se produjeron dos evaluaciones forenses contradictorias: la primera lo declaraba "Psicótico o sea inimputable" y la segunda "imputable, como narcisista fabulador". También en este caso las pericias se habían fundado sólo en entrevistas y cuestionarios de auto informe. Lo que aquí nos preocupa y moviliza es que las evaluaciones psiquiátricas en este caso, se limitaron a hacer el relevamiento sintomático, sin profundizar en técnicas que podrían ofrecer la estructura de la personalidad y la cualidad de su estado y las características de sus funcionamientos psicológicos.
La doctora Helena Ana Lunazzi es directora de la carrera de especialización en Evaluación y Evaluación Psicológica de la Universidad Nacional de La Plata.
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