Parece que su idea de diversión no incluye sentir sacudones desde su panza y se pone muy nervioso. Pero a no desesperar: el humano podría ayudar.
Buck es un cachorro de ocho semanas que ya aprendió a ladrar, gruñir, sentarse... todo menos lidiar con el hipo. Y el pobre perro tuvo tanta mala suerte que le agarró su primer ataque en el auto de sus dueños, y su reacción fue adorable aunque exasperada.
En el video compartido por Matthew Kennelly en YouTube se puede ver a Buck, un cachorro de pastor australiano que gruñe con impaciencia cuando se da cuenta de que su panza se mueve sola por el hipo, y el humano a cargo se limita a grabarlo en vez de ayudar.
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