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"La UTA sumó mujeres al subte para debilitar a los trabajadores pero ellas se organizaron": la historia de una conductora de la línea A

19 de mayo de 2019

Karina Nicoletta se incorporó en 1994 como boletera y hoy está en los controles, y le responde al dirigente rosarino que afirmó que "el organismo de la mujer no está preparado" para el trabajo pesado.

Karina Nicoletta empezó a trabajar como boletera del subterráneo de Buenos Aires en septiembre de 1994, ocho meses después de que la empresa Metrovías entrara en funciones. Casi 25 años más tarde es una de las conductoras de la línea A y la titular de la Secretaría de Género de la Asociación Gremial de Trabajadores del Subte y Premetro (AGTSyP).

Por eso su rechazo -y el del gremio de los metrodelegados- a las palabras del titular de la Unión Tranviarios Automotor (UTA) de Rosario, Manuel Cornejo, quien dijo que "el organismo de la mujer no está preparado para manejar un colectivo o un camión".

"Esto es increíble porque ese trabajo lo hacemos trabajadores y trabajadoras. Esta persona tiene una actitud atemporal y retrógrada", expresó Nicoletta en una charla con minutouno.com en la que reflexionó sobre que "las expresiones son por parte de quien se dice ser un dirigente sindical", y por lo tanto aún más graves en el contexto actual.

"Existe una ordenanza sancionada en 2016 donde se plantea que tiene que haber un porcentaje de trabajadoras incluidas en estos espacios de trabajo, y quien debería garantizar que esto se lleve a cabo está diciendo barbaridades, animaladas. El argumento de la fuerza y de la estructura es inconcebible. En el caso nuestro, al igual que los compañeros, hemos participado de los concursos. Tanto para cuando eran los trenes de madera o los actuales", explicó la conductora de la línea A.

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Los empleados del subte entran por una bolsa de trabajo y arrancan en el nivel 7 del escalafón, el más bajo, donde están los boleteros y el personal de limpieza diruno. Luego ascienden a través de concursos hasta el nivel 1, del que forman parte los conductores maniobristas, por ejemplo, por ser especializados en mover las formaciones fuera de uso, averiadas o las que salen de circulación al final del día.

Históricamente, explicó Nicoletta, las mujeres habían sido relegadas a horarios diurnos y tareas "livianas", y por lo tanto ganaban los sueldos más bajos. "Cuando ingresás por la bolsa de trabajo lo hacés por la categoría 7. Hasta hace un tiempo ocurría que las compañeras sólo podían estar en los sectores de limpieza en el turno día y no les permitían el turno noche. Por lo cual las posibilidades de ingreso eran menores. Eso se logró revertir", contó.

Nicoletta, de 46 años, se refirió a las "prácticas violentas y machistas en algunas situaciones" vividas por las trabajadoras "hace algunos años en el subte con respecto a quienes dicen representar a la UTA, o dicen ser dirigentes de la UTA", un gremio que hoy en día es minoría en el subte frente a la mayoría representada por metrodelegados, que es la organización que negocia las paritarias con Metrovías.

La secretaria de Género de AGTSyP admitió que "también se van transformando un montón de pautas de manera cotidiana" entre los trabajadores y las trabajadoras del subte, pero la invasión femenina no existe: hay una camaradería más allá del género, aunque desde la UTA "permanentemente han tenido la misma respuesta" que la del dirigente rosarino.

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"El espacio del subte está atravesado por nuestra cultura, es un sector que históricamente ha sido masculinizado. Hasta los años 80 no había mujeres trabajando, pero en 1981 se incorporaron unas 100 mujeres. En ese momento fueron convocadas con la intención fragmentar las condiciones de trabajo. Pensaban que incorporar mujeres iba a permitir precarizar las condiciones de trabajo de los hombres. Pensaron que iban a debilitarse. Eso no sucedió, las mujeres se organizaron", sentenció.

La estrategia del entonces Subterráneos del Estado de incorporar mujeres a un plantel de más de 4 mil trabajadores para precarizarlos, quizás por considerarlas más sumisas, fue contraproducente: en 2003 nació la Comisión de Mujeres de la UTA, que luego se convirtió en la Secretaría de Género de la AGTSyP.

"A partir de esa autonomía se pretendió tener espacio en la representación, tener delegadas, cosas que la UTA tampoco les permitió en su momento. El mismo sindicato del que estamos hablando hoy, que tiene estas posiciones, las mantenías en aquellos años", confirmó Nicoletta.

Su trabajo cambió mucho a través de los años, no sólo por sus ascensos sino porque pasó de manejar los antiguos trenes de madera de la línea A a conducir las formaciones más modernas y alimonadas que "son mucho mejores en términos de ruido y esfuerzo", con lo que la fuerza bruta parece cada vez menos necesaria para la conducción del subte.

Congreso
Estación Congreso de la Línea A de subte<br>
Estación Congreso de la Línea A de subte

"En las de madera teníamos que hacer mucha fuerza con las puertas, era otra estructura de formación y eso requería de parte nuestro un mayor esfuerzo. Tenías que tener las puertas, colgarte para el sistema de antenas, cuando agarraba la antena tenías que colgarte por sobre la formación. Hoy está todo automatizado y se opera desde la cabina. Es otro sistema operativo", comentó la mujer, todavía desalentada por el destino de abandono que les tocó a los trenes históricos.

Pero en el futuro del subte no hay lugar para discriminación por género, como dejó en claro Nicoletta. "Las mujeres somos un poco más del 20% de los trabajadores. No hay un cupo planteado en cantidad de ingresos, que es algo que venimos tomando como política desde el sindicato. Hemos podido conformar una bolsa de trabajo, y por eso planteamos 'todas en todos lados'", sintetizó.

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