El "nuevo" consenso menemista
El diputado nacional por el Frente Nuevo Encuentro desmenuza el discurso de los economistas más ligados a la oposición.
Estas visiones desconocen el rotundo fracaso de la lógica privatista y antiestatista del menemismo, amigable para las empresas con tarifas "dolarizadas", pero que chocó con los severos límites del nuevo modelo económico fundado en 2003. Este encuadre podría servir de base para rediscutir de una manera amplia y democrática, ya no sólo el cuadro tarifario, sino la necesidad de que el Estado sea el proveedor de los servicios públicos y no los privados, sobre la base de un paradigma social basado en que los servicios deben ser provistos con regularidad y eficiencia. La vida ha demostrado palmariamente que la noción de servicio público a la comunidad colisiona con el objetivo excluyente de lucro del sector empresario, y más cuando los actores son corporaciones de origen transnacional que demandan divisas para girar a sus casas matrices en el exterior.
Por su parte, hay que subrayar que el fenómeno de los cortes de luz es un escenario ideal, para quienes se montan en la irritación que generan, para afirmar la necesidad de recortar subsidios para aliviar las presiones inflacionarias. Este razonamiento pone el foco deliberadamente en el accionar estatal y no en las responsabilidades de los grandes empresarios, a quienes se contrató para que brinden el servicio pero siempre terminan anteponiendo el desprecio a los usuarios para incrementar sus márgenes de ganancia. La idea luce peligrosa, ya que hoy es el tema de los subsidios, pero mañana irán por la Asignación Universal por Hijo, o por los beneficios previsionales logrados en estos años.
De forma sintética, la lógica que se trata de instalar queda reflejada en la frase del economista Hernán Lacunza, quien señaló que "no habría emisión espuria para financiar al Tesoro (y presión sobre el mercado cambiario formal e informal) sin déficit fiscal, y no habría déficit sin subsidios a la energía y al transporte". Otra vez se observa el mismo y remanido discurso. Lógicamente, en esa línea tampoco proponen diferenciar tarifas, subsidiando a los núcleos sociales más vulnerables y retirar los mismos a los más ricos que no lo necesitan.
Otro elemento importante a tener en cuenta es el plano de las expectativas, sin descuidar el sentido de oportunidad de quienes deliberadamente tratan de instalar la idea del descontrol inflacionario, ya no como problema económico y social, sino como fantasma para chantajear a la sociedad, justo en los momentos previos a que comience a negociarse la mayoría de las paritarias. Una vez más, el inoxidable Carlos Melconian fue uno de los que sostuvo que el año "termina con una suba que no era la esperada y ya pone al primer cuatrimestre de 2014, con un alza anual de 30%", parecido a lo que opina Martín Redrado. Todos "consultores estrella" con miles de segundos de televisión y kilómetros de centimetraje en los medios gráficos.
Cuando se apagan los fuegos artificiales de estas "estrellas", aparece nítidamente el objetivo buscado por el establishment: devaluación y ancla salarial, como forma de asegurar las ganancias de los exportadores. Su excusa más usada para reclamar la caída de los salarios es la competitividad. Esta es la categoría que utilizan para evitar hablar de su verdadero Dios: la tasa de ganancia, a la que todos deberían sacrificarse.
En el fondo, no dejan de ser reacciones ante un gobierno que ha dado nuevamente muestras de firmeza resistiendo a los cantos de sirena del ajuste, y que ha optado por profundizar las políticas que viene implementando. Siempre hay margen para mejorar; en cuanto a lo otro, ya sabemos cómo termina.
(*) Juan Carlos Junio es diputado nacional del Frente Nuevo Encuentro por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires
fuente: www.juancarlosjunio.com.ar
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