¿Hacia donde se dirigirán los ingreso del agro en 2013?


Escribe Daniela Cristina (*)

Los resultados de la campaña agrícola nacional tienen una clara importancia en Argentina por el impacto macroeconómico que genera, tanto directo como indirecto. Actualmente estamos transitando una etapa clave de la campaña sojera: la de mayor liquidación de divisas por exportaciones del principal complejo agroindustrial del país.

Antes de analizar el flujo de dólares esperable por la liquidación de la producción agropecuaria -principalmente de la soja-, es preciso mencionar que este año resultará especialmente crítica la actitud de los productores, quienes se vinieron debatiendo en los últimos días entre la liquidación de sus granos y la retención de la cosecha a la espera de un mejor resultado.

Las perspectivas climáticas para la presente campaña en un primer momento eran buenas, ya que se esperaba, luego de un 2012 de fuerte sequía, una elevada humedad, por el arribo del evento climático "El Niño". Sin embargo, el exceso de humedad también afectó de manera negativa el rendimiento de los cultivos.

Para la campaña 2012-13, si bien ya no se espera la cosecha récord que se pronosticaba en un primer momento, se proyecta todavía un buen desempeño, con niveles de producción y valor bruto de la cosecha elevados. De hecho, se estima que el Valor Bruto de la producción para este ciclo sería el segundo más importante de los últimos años, después de la campaña récord de 2010-11.

Desde lo macroeconómico, todas las miradas se centran en qué proporción de la cosecha se liquidaría en los próximos meses, para estimar con cuántos dólares contaría el BCRA; y en qué rumbo tomarán los pesos que los productores reciben por la misma. Ése es el gran interrogante que se tiene.

En primer lugar, si bien actualmente (acumulado hasta la tercer semana de abril) la liquidación de divisas resulta casi un 7% inferior a la de igual periodo de 2012; en el escenario actual de notable caída de la balanza comercial impulsada por el fuerte desbalance energético, el sector agroexportador será uno de los pocos bastiones de sostenimiento de la entrada de divisas al país.

En segundo lugar, interesa el destino que se le dará a los ingresos provenientes de la liquidación de la cosecha y sus exportaciones relacionadas, ingresos que en los últimos años resultan clave para el comportamiento de varios sectores de nuestra economía. Su importancia en el corriente año está exacerbada por la existencia de un nivel de actividad lánguido junto a un férreo control de cambios que generó la aparición de un mercado cambiario informal.

La aparición de mercados informales/ilegales ante la colocación de un precio máximo, prevista

inexorablemente por la teoría y la vasta experiencia histórico-económica argentina y mundial, es particularmente grave cuando da lugar a la distorsión de un precio de referencia clave como es el tipo de cambio. Si los agentes económicos privados consideran el precio informal como uno de los ingredientes del propio proceso decisorio, ya sea por cuestiones objetivas (continuo deterioro de la balanza comercial apareado con mantenimiento del control de cambios) o subjetivas (aumento de la incertidumbre sobre el rumbo económico), la distorsión generada tiene el potencial de acarrear consecuencias negativas para el nivel de actividad, empleo e ingresos.

 Para relacionar esto con lo anterior, una cuestión clave es hacia dónde se dirigirán los ingresos de la liquidación de divisas del agro en los próximos meses; pues no resulta indiferente si los mismos se utilizan para realizar más gastos de inversión (en maquinaria o en construcciones) que de consumo; o bien si se atesoran en instituciones del sistema financiero versus un atesoramiento privado, con alta probabilidad de que si éste último es el caso, el mismo se realice a través de la adquisición de dólares en el mercado negro o ilegal (quizás resulte útil abandonar ya el eufemismo del "blue"), retroalimentando una espiral negativa de mayor incertidumbre que resulta dañina a la economía argentina.

 

(*) Economista Jefe Área Análisis Sectorial de IARAF

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