La Argentina no está enferma de violencia

El dirigente radical sale al cruce del documento publicado la semana pasada por el Episcopado.

Escribe Leopoldo Moreau (*)

La política en los últimos 30 años fue la que más hizo para sacar a la Argentina de la violencia. Tal vez porque, entre otras cosas, tuvo una capacidad autocrítica que otras instituciones, como por ejemplo las jerarquías eclesiásticas (y no digo la Iglesia, porque es de todos ), no exhibieron.

Es cierto que en ese camino que recorrió la política en los últimos 30 años chocó muchas veces con sus propios errores y hasta, en muchos casos, con claudicaciones. Pero no es menos cierto que la proa siempre estuvo orientada hacia la paz de una democracia fundada en la memoria, verdad y justicia de la que algunos nos querían apartar con llamados a la "reconciliación" que, en realidad, propiciaban la impunidad. También hubo que lidiar -y todavía hoy hay que hacerlo- con aquellos que, apoyados en supuestas verdades doctrinales que no son tales, trataron de impedir la ampliación de derechos civiles para sostener tutelajes y represiones culturales impropios de las sociedades democráticas.

Sería necio dejar de lado la contribución que hace la Iglesia en muchos lugares de la patria para paliar los efectos de la marginación. Es admirable el esfuerzo de los que hemos dado en llamar los "curitas" que trabajan en los lugares más humildes. Por eso, hace mal la jerarquía en generalizar las responsabilidades sobre la política sin hacer igual reconocimiento a los cientos de miles de militantes y dirigentes que, en el día a día, no están para repartir "culpas", sino para aportar soluciones estructurales que siempre son más complejas de alcanzar porque trascienden la caridad. Y hablando de la culpa es bueno reconocer que atrasa usarla como estigma porque le da al que las discierne un papel paternal propio de siglos que ya pasaron.

Siempre me he preguntado hasta dónde llega el límite de la responsabilidad social de las instituciones. Este es un caso. Una dura calificación que llega a afirmar que "la Argentina está enferma de violencia" y que parte de un foro de tanto significado simbólico, honradamente no creo que contribuya a consolidar la imagen de un país donde es posible invertir, producir y trabajar. Es lamentable que desde una tribuna de ese carácter pareciera que se buscó más un título mediático que un llamado profundo a una reflexión sobre las desigualdades sociales que aún persisten pero que no se resolverán si se desacredita a quienes en su rol de oficialistas u opositores tienen la responsabilidad de trabajar para superarlas.

En fin, el documento se trata sólo de una opinión -respetable como tantas otras- ,pero hace ya mucho tiempo que sabemos que las opiniones de la jerarquía eclesiástica no son infalibles sino los tiempos de la "Cruz y la Espada" no estarían superados y seguiríamos viviendo en la violencia del oscurantismo que brindaba el sacramento de la "confesión" a los que iban al cadalso de la hoguera en la Inquisición o cómo alivió a los pilotos y torturadores después que cumplían su misión.

(*) Leopoldo Moreau es dirigente radical, fue diputado nacional entre 1983 y 1995 y entre 2001 y 2005 y senador de la Nación entre 1995 y 2001.

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