Las economías regionales, en la agenda de los titulares

Escribe Noelia Torres (*)

Desde que la Presidenta anunció que iba a reunirse con diversos sectores de la sociedad en busca de afianzar objetivos comunes entre éstos y el Estado, diversos temas se pusieron en agenda; uno de ellos es la rentabilidad y competitividad de las economías regionales.

Las economías regionales refieren a todas aquellas actividades productivas que se localizan fuera del área pampeana. Su producción históricamente estuvo destinada al mercado interno, sin embargo desde 2003, con la recuperación de la competitividad para diversos sectores, los empresarios comenzaron a colocar su producción en los mercados internacionales. Estas actividades suelen organizarse por medios de circuitos de producción, que son los encadenamientos que en conjunto dan lugar al proceso de producción.

Si bien es necesario que estas economías recuperen parte de la competitividad que perdieron en los últimos años, es importante destacar que la competitividad no solo se recupera devaluando, sino que existen maneras menos ortodoxas de realizarlo.

En línea con ello es imprescindible que estas economías no queden expuestas al juego del libre mercado, ya que son una de las actividades que mas fuerza de trabajo emplean en las regiones extrapampeanas; lo que motoriza su tejido económico.

Por lo expuesto anteriormente, el desafío es fortalecer toda la cadena de comercialización de los productos, haciendo foco en sus eslabones más débiles. Asimismo, es necesaria la promoción de todas las regiones del país, con medidas segmentadas a cada uno; con políticas mancomunadas del estado nacional y los estados provinciales.

Cabe aclarar que estos productores se encuentran expuestos al riesgo climático que muchas veces es difícil de preveer, con consecuencias devastadoras para productores y obreros.

Otro tema que preocupa a los especialistas en el tema, son los altos costos de fletes. Ya en 1940, Alejandro Bunge sostenía que se forma un abanico que revela cómo se transforma la densidad de la población, la capacidad económica o el nivel de vida a medida que uno se aleja de la Ciudad de Buenos Aires.

Si bien en los últimos años se pusieron en práctica diversas políticas para erradicar la situación, el transporte sigue teniendo un peso relativo fuerte en la estructura de costos de algunas empresas. Es por esto, que la Presidenta de la Nación, junto con el Ministro del Interior Florencio Randazzo, ordenaron la reactivación de los ferrocarriles de carga, teniendo en cuenta la demanda de una red ferroviaria activa y eficiente. Esta reactivación reducirá los costos de flete, ya que el transporte por ferrocarril es más accesible en términos económicos que el terrestre.

Un último desafío es el tema de la registración del empleo, en tanto muchos trabajadores (especialmente en el sector agrícola) son contratados temporalmente y es necesario regular las condiciones de contratación. Al ser la Argentina un país con tantas disparidades regionales, es necesario que las medidas que apunten a regularizar empleo se adapten a las particularidades de cada región productiva.

Asimismo, al haber unidades productivas con distintos tamaños, es necesario aplicar políticas de segmentación teniendo en cuenta esta variable. Finalmente, hay que resaltar la importancia de las inspecciones nacionales, provinciales y municipales para evitar las irregularidades en el empleo agrario.

Desde el principio de la historia nacional, las clases dirigentes concentraron sus esfuerzos en aumentar la productividad y las ganancias de la región pampeana. Sin embargo, desde 2003 en adelante las producciones provenientes de regiones extrapampeanas comenzaron a ser colocadas en los mercados externos debido a diversas razones. Diez años después, si bien es necesario aumentar su competitividad, ésta no debe ser a través del libre mercado, como predican los economistas de la ortodoxia.

La competitividad se logra con disminución de los costos de flete (lo que ya es prácticamente un hecho a través de la reactivación del Belgrano Cargas), fortaleciendo los eslabones de la cadena de valor más débiles, promoviendo las regiones más vulnerables del país y regularizando la situación de trabajadores y productores. Este último punto es de gran importancia ya que el trabajo es el gran organizador del proyecto nacional que se viene llevando a cabo en la última década.

(*) Economista del Grupo de Estudio de Economía Nacional y Popular (GEENaP)

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