Legislativas 2009 y 2013, dos escenarios muy diferentes

Juan Manuel Aurelio, director de la Consultora Julio Aurelio - Aresco, analiza el contexto político en que se celebrarán los comicios de octubre y aunque asegura que el oficialismo llega en una posición muy favorable, aclara que "seis meses puede ser mucho tiempo".

Un ejercicio posible a la hora de pensar la contienda electoral que tenemos por delante este año podría ser realizar un análisis comparativo con las elecciones del 2009. Porque también son legislativas, porque el kirchnerismo sigue gobernando, porque son las que le siguen a elecciones nacionales ganadas con contundencia, porque la oposición no deja de añorar la hazaña de entonces, y porque, finalmente, siempre resulta interesante hacer genealogía para ver en qué campos de fuerzas estamos inmersos.

Al día de hoy, y a nivel país, la Presidenta registra una evaluación de gestión con saldo neutro, con valores de aprobación y desaprobación que giran en torno a los 47 puntos y con cierta estabilidad tanto en su núcleo de adherentes como de opositores. A principios del 2009, la valoración de la gestión nacional era más delicada: la Presidenta registraba un saldo negativo de gestión de diez puntos que, luego de una lenta y costosa recuperación hacia finales del 2008 -tras la larga crisis desatada post enfrentamiento agropecuario-, volvía a entrar en cierta tendencia descendente. A su vez, mientras en 2009 la imagen negativa de la Presidenta como dirigente superaba a la positiva en 13 puntos, hoy se invierten los polos, quedando su imagen favorable 8 puntos por encima de la desfavorable, con valores que giran en torno a los 52 puntos.

A su vez, observamos actualmente una oposición fragmentada y desdibujada, bastante mal evaluada y carente de capacidad de gestión para la mayoría de los argentinos. Situación que, inversamente, contrasta con lo que sucedía en los inicios del 2009 cuando, tras recoger los coletazos de la larga crisis con el sector agrario, los dirigentes de la oposición cosechaban amplios saldos de imagen positiva.

En la misma línea, se impone un dato peculiar: en aquellos inicios de 2009, la intención de voto a Presidente ya sea de Néstor o de Cristina era de 17 puntos, quedando unos cinco puntos por debajo de quien era la figura relevante de la oposición, Julio Cobos. Hoy, la Presidenta duplica en intención de voto a cualquier contrincante

Podemos agregar también que aún en distritos históricamente opositores la performance actual del Gobierno Nacional se presenta bastante más favorable que por entonces: para dar sólo un ejemplo, mientras en 2009 la valoración positiva de la gestión de CFK en Córdoba apenas superaba los 20 puntos, hoy se encuentra girando en torno a los 35.

Finalmente, se impone recordar que en su distrito bastión, la ya ampliamente reconquistada provincia de Buenos Aires, la Presidenta registraba por entonces saldo negativo de gestión, al tiempo que quien se erigía como el único sobreviviente del diluvio campestre -el gobernador Daniel Scioli, que conservó aún en los peores momentos saldos positivos de gestión- se presentaba como el abanderado de unas testimoniales que despertaban en la ciudadanía más rechazo que adhesión.

El panorama muestra así un oficialismo con números claramente más sólidos que en 2009. Esto podemos afirmar hoy. Sabemos no obstante que una elección legislativa no se juega exactamente ni necesariamente en las huestes de las grandes figuras ni los grandes liderazgos, ni de los grandes relatos. Que son momentos donde lo más pequeño, lo local o lo microfísico, puede irrumpir, produciendo novedades o diferencias, quebrando el tejido de lo previsible o lo calculable. Que seis meses puede ser mucho tiempo; y que el tiempo nunca está exento de acciones torpes, o fantásticas, ni de acontecimientos imprevisibles, capaces todos ellos de trastocar la actual correlación de fuerzas y las predicciones que ella permite forjar.

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