Maduro representa la profundización de la revolución

El ex ministro consejero del gobierno de Hugo Chávez analiza el panorama político en Venezuela a horas de que se celebren las elecciones presidenciales tras la muerte del ex mandatario.

Escribe Federico Ruiz Tirado (*)

Los dos factores que se presentan en la contienda electoral de este domingo están signados por un antagonismo histórico: Henrique Capriles, que representa no sólo la vieja política, sino los intereses transnacionales (norteamericanos) y que por su condición política participó activamente en el golpe de estado de 2002, es portador de un discurso carente de Programa Político.

Repite, no obstante, los lineamientos del Programa de la Mesa de Unidad Democrática (MUD) de octubre pasado basado en tres premisas centrales: la privatización de las Misiones Sociales, la descentralización y la sustitución de PDVSA (la petrolera nuestra) como un órgano que se dedicaría exclusivamente a los negocios, más no a las políticas sociales.

Por el otro lado Nicolás Maduro expresa la continuidad y radicalización de la revolución bolivariana, la preservación del legado del ex presidente Hugo Chávez y el Programa de la Patria contenido en los 5 Objetivos Históricos:

* Mantener la independencia nacional

* Profundizar el socialismo en el país

* Convertir a Venezuela en potencia

* Acabar con unipolaridad del imperio

* Contribuir a la salvación del planeta

Hay que agregar también que Capriles es también el candidato de los medios privados de comunicación, tanto nacionales como internacionales, tanto televisivos como radioeléctricos que forman parte de la gran conspiración mediática mundial contra Venezuela.

Además, a un mes de la muerte del comandante Chávez, la población y los sectores que componen la base social chavista y otros sectores sociales identificados con la clase media y empresarial, han respondido a la condición de Maduro, que nosotros hemos calificado como "Hijo de Chávez".

Maduro representa no sólo la continuidad de los logros sociales e históricos de la revolución, sino que además ha logrado fortalecer la conexión amorosa y emocional que las mayorías tienen con el legado de Chávez.

Así, Capriles sabiéndose perdedor, se ha basado en una campaña que intenta inútilmente mimetizar la nuestra: usa de manera descarada los símbolos de la revolución para atraer a chavistas descontentos. Por otra parte su agresividad y de algún modo el empujón que recibe de los medios privados, tienden a buscar la desmoralización del chavismo, burlándose de la memoria de Chávez, argumentando que es el fin de una etapa y que él representa "el mejoramiento" de la obra de Chávez. Es un discurso por eso contradictorio, banal, sin resonancia mayor.
 
Lo más peligroso es que, al parecer, intenta crear un clima de caos para el próximo domingo y los días sucesivos, basado en una campaña de deslegitimación y desconocimiento de la transparencia del Consejo Nacional Electoral (CNE). La guerra contra el CNE, las Fuerzas Armadas Bolivarianas, es la guerra contra la institucionalidad. Con esta campaña Capriles envía señales a los Estados Unidos, a la derecha mundial (España, Salvadoreña y otras) para intentar aplicar algo similar a lo que sucede en Siria: una suerte de guerra civil prolongada.

Hay que tener en cuenta que los factores económicos externos están en el juego de Capriles. Les interesa el petróleo, la administración de PDVSA y "reformular" todos los mecanismos de integración adelantados por Chávez para América Latina (UNASUR, BANCO DEL SUR, CELAC, ALBA, etc). En ese juego, la derecha latinoamericana también entra, sobre todo en MERCOSUR, para disminuir el liderazgo de Venezuela en su seno.

Por el contrario, cabe esperar que Maduro profundizará durante su mandato los aspectos que hasta ahora han motorizado a la revolución: la inclusión social, las misiones, etc. Pero hay dos elementos importantes: La clase trabajadora y la clase media. Hay una tarea pendiente con los trabajadores y su vanguardia política. A Maduro, que viene de ella, le tocará gobernar con ellos como ejes de la acción revolucionaria. Y la clase media está en la lista y sus preocupaciones en la agenda de Maduro: la inseguridad, el tema ambiental y la recuperación de las universidades públicas como espacios para la transformación.

(*) Federico Ruiz Tirado fue ministro consejero del gobierno del ex presidente Huo Chávez y es en la actualidad director del Semanario Misión Verdad de Venezuela

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