Mis encuentros con el Papa

El enviado de C5N a Brasil describe para minutouno.com sus encuentros con el Sumo Pontífice.

Escribe Pablo Duggan

Poder ver de cerca y hablar con el Papa es casi imposible aquí en Río de Janeiro. Hay más de dos millones de personas pugnando por acercarse, tocarlo, sacarle una foto y hablarle. Pero digo que es casi imposible porque hoy pudimos hacerlo dos veces, tuvimos mucha suerte.

Llegamos muy temprano a la quinta de Boa Vista, un predio enorme, donde el Papa debía confesar a algunos jóvenes y charlar con reclusos. Estábamos buscando al móvil desde donde debíamos emitir imágenes, pero no lo encontrábamos. Nuestro camarógrafo Sergio Bongiovi se quedó atrapado en uno de los controles de seguridad, pero mi productor Leo Martínez y yo cruzamos poniendo cara de piedra. Llegamos caminando al palacio San Cristóbal donde no había nadie, nunca encontramos al móvil y ya empezábamos a preocuparnos cuando notamos movimientos raros.

      Embed

De repente al lado nuestro, por un camino que atravesaba la quinta, apareció la comitiva del Papa. Enseguida prendí mi celular y me preparé para grabar. Corrí hacia el Fiat Idea gris en el cual venía como siempre el Papa con su ventana baja.

Corrí hacia él, la comitiva se detuvo, llego al auto y me ve, sonríe, le digo que soy de C5N, me bendijo y saludó haciendo la señal de la cruz.

Se acercaron los de seguridad y di unos pasos hacia atrás. La comitiva arrancó. Tuve cuidado en no acercarme bruscamente y en frenar un metro antes del auto, pero pude haberlo tocado tranquilamente, no lo hice. Confirmado, la seguridad es un desastre.

Minutos después nos ubicamos frente a la carpa en donde el Papa saludaba a la congregación de la Madre Teresa de Calcuta. Allí nos acercamos a una mujer de la Guardia Municipal que tenía en sus brazos a su sobrino, Mateo, de tres meses. Teníamos el auto del Papa a tres metros, apostábamos a que se iba acercar.

      Embed

Dicho y hecho, pero no solo besó al bebe, también hablo con un joven voluntario del Episcopado a quien conocía. Habló con él y tuvimos nuestra oportunidad luego. Le pregunté cómo estaba, me dijo "muy bien". Y me preguntó rápidamente: "Vos, ¿cómo estás?". "Excelente, gracias a Usted", le contesté; "Rezá y unite a Dios", me dijo con una gran sonrisa y levantando su puño que mostraba su anillo de plata. Mientras tanto pudimos darle la mano, tanto Leo como yo. Fue un momento increíble para nosotros.

Habíamos hablado antes con él el martes en el hospital San Francisco de Asís, luego de seis horas bajo la lluvia. Una vez más no seguimos a todos los periodistas, hicimos nuestro propio camino.

Es una cobertura difícil por los traslados, pero muy reconfortante hasta ahora por los resultados. Ya volvió el sol a Río, hace menos frío, y tenemos mucho trabajo por delante. Hoy es un día que no vamos a olvidar.

Dejá tu comentario