Restricción política a la fiscal y externa


Escribe Dante Sica (*)

Una vez conocidos los resultados de las elecciones legislativas, se sabe que lo más seguro que tendrá el Gobierno de cara al manejo de la economía en los dos años que restan hasta las elecciones presidenciales de 2015, es que a las plenamente vigentes restricciones externa y fiscal, habrá sumado una que hasta antes de las primarias de agosto era impensada: la restricción política.

Todo en un escenario donde los márgenes para seguir demorando las soluciones son ya escasos y en el que la lista de cuestiones pendientes se va tornando demasiado extensa. Y donde ambas cuestiones (la escasez de márgenes y la lista de problemas) se profundizan a un paso cada vez más acelerado. Así, este domingo comienza anticipadamente el año 2014 y, a partir allí, también la cuenta regresiva para poner en marcha las correcciones.

Los frentes abiertos son muchos y siguen creciendo, y pasadas las elecciones ya no habrá mucho más margen para las dilaciones. La pérdida de reservas no se detiene -ya están en un nivel mínimo en seis años, perforando la barrera de los US$35.000 millones-, y las chances de mantener el esquema actual de política económica inalterado sin que el mercado termine imponiendo las correcciones lucen limitadas.

Escenario base de la transición

Las tareas para el Gobierno en este período que ya el mercado considera como "de transición", son tan puntuales como complicadas: la actual gestión tendrá que llevar a cabo la demorada corrección de precios relativos en un contexto de elevada inflación, escaso dinamismo económico y poco margen político.

En este contexto, y obligado por los eventos más que por convencimiento, el gobierno llevaría a cabo algunas correcciones. Para esto, asumimos que la estrategia del gobierno se basará en tres direcciones: recuperar la capacidad fiscal, corregir la tendencia hacia la apreciación de la moneda y ganarle tiempo a la restricción externa.

Para recuperar la capacidad fiscal, es esperable que vuelva a intentarse una suba en las tarifas de los servicios públicos, especial el de electricidad y el del gas. Aunque en el Presupuesto 2014 no está contemplado incremento alguno, no parece haber posibilidad de esquivarla. Una corrección de las tarifas podría otorgarle al fisco 1 punto porcentual del PBI.

A su vez, para ganarle tiempo a la restricción externa y dejarle la corrección definitiva a la próxima administración, el gobierno ya ha comenzado a ensayar un acercamiento a los mercados financieros internacionales. El pago de las deudas con sentencia firme en el CIADI, la negociación en torno a la construcción de un nuevo IPC con asesoramiento del FMI y la reapertura del canje apuntan a mostrar voluntad de pago, lo que da cuenta de la intención del gobierno de acceder a nuevos fondos. También se profundizaría la búsqueda de inversión externa con foco en energía, a través de los acuerdos de explotación del yacimiento de Vaca Muerta en conjunto con YPF.

Mientras tanto, la corrección de la tendencia hacia la apreciación del peso ya comenzó a realizarse este año a través de la aceleración de la tasa de devaluación oficial. Obviamente, sin un programa anti inflacionario acelerar la tasa de depreciación de la moneda por encima de los niveles actuales podría resultar una estrategia peligrosa. Y lo mismo si no se lleva a cabo una corrección de las tarifas, dado que en este caso un peso más débil podría agravar en lugar de aliviar las restricciones externa y fiscal.

Luce evidente que, más allá de las correcciones que impulse la actual administración, lo más probable es que el Gobierno mantenga el esquema actual de elevada intervención sobre la macro y sobre la microeconomía y continúe presentando importantes falencias en términos de coordinación de sus medidas. De hecho, probablemente se mantenga inalterado el cepo cambiario, e incluso podrían aparecer nuevas medidas restrictivas, en especial en turismo.

Como se ve, el período que empieza ahora no será un camino fácil para la Argentina. El Gobierno se verá obligado a llevar a cabo correcciones, pero mantendrá el elevado nivel de intervencionismo y seguirá siendo una fuente de incertidumbre.

Pero ante estas circunstancias las autoridades podrían contar con un aliado inesperado. Sin bien la debilidad política reduce sus grados de libertad para realizar los ajustes, la creciente perspectiva de un cambio de ciclo político podría adelantar la recuperación. La percepción de que efectivamente el kirchnerismo tiene fecha de vencimiento en 2015, podría jugar a favor.

(*) Ex secretario de Industria y director de la consultora Abeceb

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