The Economist y los argumentos de la oposición
El diputado nacional por el Frente para la Victoria analiza el estrecho vínculo entre el discurso de los distintos sectores de la oposición y la imagen que de la Argentina difunden en el exterior los grandes medios internacionales.
Pero hay más calamidades. El auge de la economía es sólo el famoso viento de cola y el producto de las "generosas pampas"; "echaron a paladas" esos ingresos en "empleo público, empresas públicas que pierden plata y programas sociales". Según The Economist, el gobierno ha "perdido el sentido común", "miente sobre la inflación", "impone control de precios y de cambios" y limita importaciones. "Expropió Repsol de España en YPF"... no habríamos olvidado nada ni aprendido nada, según una cita atribuida a Talleyrand sobre los Borbones que volvían de la emigración después de la Revolución Francesa y la caída de Napoleón.
El futuro no pinta bien: "la mayoría en el Congreso puede disolverse"; "hay peligro (...) de una espiral de inflación y devaluación" y si esto sucede... la presidenta "corre el riesgo de dejar su cargo prematuramente". Benévolos, estos británicos señalan la necesidad de que Cristina "arroje de su gobierno a los matones, amigotes y marxistas con los que gobierna y que tienda puentes hacia sus rivales y oponentes". Significa "desmantelar los controles más destructivos de la economía, sanear las estadísticas y arreglar con los holdouts y con Repsol". Nos recuerdan que "los Borbones terminaron mal", en lo que es una frase desafortunada o una amenaza directa (tal vez a Juan Carlos de España). Al menos, en una época los imperios tenían la cínica sinceridad de invadirnos para imponer sus políticas.
Este artículo de The Economist tiene varias ventajas. Primero están las apariencias: se muestra qué piensan sobre la Argentina algunos de "los titulares" y no los "suplentes"; vemos qué intereses se han afectado durante estos años; también, la poca inteligencia para pensar al gobierno –aún en cerrada oposición– al presentar como pruebas concluyentes lo que son apenas la expresión de prejuicios. Lo de "matones, amigotes y marxistas" denota desconocimiento y macartismo, quizá lo primero sea necesario para lo segundo. El coro estable compuesto por gran parte de la oposición repite esas falacias, como un nuevo mantra.
Luego vienen las realidades. La Argentina y su gobierno enfrentan actores que, como vimos, tienen un saber limitado y expeditivo. También, no podemos ignorar que son muy poderosos. Si como señaló con claridad Hilferding (que además de marxista era judío) a principios del siglo XX, la unión del capital industrial y el capital bancario da origen al capital financiero, la unión del capital financiero con el capital mediático es el rostro del nuevo establishment. Impone agendas, determina qué es un problema y qué no lo es, cómo debe ser solucionado. Y sobre todo que cualquiera que transgreda sus reglas debe ser castigado.
Como antes fueron Yrigoyen y Perón, desde 2003 Néstor y Cristina son un mal ejemplo para ese establishment internacional y sus socios locales, puesto que demostraron que en base al ejercicio pleno de las libertades públicas y de la soberanía popular, es posible construir sociedades más justas. Según la cita que estructura al artículo, habrá que decir que es cierto que no olvidamos; pero también es verdad que aprendimos mucho, sobre nuestra capacidad y sobre las posibilidades de la Argentina. También aprendimos que, de reinstalarse un modelo neoliberal acorde con los deseos de The Economist, será de la mano de dirigentes sin política nacional y de economistas con representación corporativa.
Sería "el vicio de la mano del crimen", al decir de Chateaubriand, contemporáneo del mentado Talleyrand, al momento de la restauración borbónica.
(*) Eric Calcagno es diputado nacional por el Frente para la Victoria
fuente: http://e-calcagno.com.ar/
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